crisantemo
Poeta fiel al portal
Vibra el aire del eco de la campana, suena
a hueco y sobrio bronce, en el yugo sujeta.
Entre dovelas mece, sobre los campos reza.
Para el Sol en la cumbre, manso y paciente espera
que los labriegos hinquen una rodilla en tierra,
el acero brillante de las azadas quema.
Entre surcos abiertos, la atribulada cepa
respira, con vetusto tronco, el aire que llega
de acariciar la nieve de la cercana sierra.
Santiguada la frente, a los mangos regresan
las encurtidas manos, las sombras se ladean,
terminó la mañana en la tarde que empieza.
a hueco y sobrio bronce, en el yugo sujeta.
Entre dovelas mece, sobre los campos reza.
Para el Sol en la cumbre, manso y paciente espera
que los labriegos hinquen una rodilla en tierra,
el acero brillante de las azadas quema.
Entre surcos abiertos, la atribulada cepa
respira, con vetusto tronco, el aire que llega
de acariciar la nieve de la cercana sierra.
Santiguada la frente, a los mangos regresan
las encurtidas manos, las sombras se ladean,
terminó la mañana en la tarde que empieza.
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