crisantemo
Poeta fiel al portal
Mi tío era un tipo muy especial
no era hermano ni de mi padre ni de mi madre
nació por generación espontánea
porque el mundo lo necesitaba.
Era poeta, un buen poeta a mi entender, o sea pobre.
Ejercía de puta.
Por un par de cervezas te daba unos versos con lengua que te cagas
Hace poco estuve limpiando su piso,
no me llevó más de un par de horas, los pobres suelen ser muy austeros.
Cómo le gustaba reír al pobre,
esa fue su perdición.
Queda feo reírse en público en una sociedad tan concienciada y responsable.
No sé porque todavía queda hambre en el mundo.
Será porque leer no quita el hambre.
Escribir seguro que no, a él al menos.
Los versos buenos los encontré en una libretita en lo alto de una estantería.
Yo ni sabía que existieran.
Escribía con letra muy clara ni un borrón de arrepentimiento.
Tenían el filo intacto.
Él y su libretita fueron felices
como dos viejecitos que se llevan bien
y se mueren juntos para no dar por culo.
Y así fue.
El entierro se lo pagó él.
Yo le puse un par de horas de lágrimas limpiando su piso
y dos bolsas de basura de cuarenta litros del Carrefour.
¿Qué menos?
no era hermano ni de mi padre ni de mi madre
nació por generación espontánea
porque el mundo lo necesitaba.
Era poeta, un buen poeta a mi entender, o sea pobre.
Ejercía de puta.
Por un par de cervezas te daba unos versos con lengua que te cagas
Hace poco estuve limpiando su piso,
no me llevó más de un par de horas, los pobres suelen ser muy austeros.
Cómo le gustaba reír al pobre,
esa fue su perdición.
Queda feo reírse en público en una sociedad tan concienciada y responsable.
No sé porque todavía queda hambre en el mundo.
Será porque leer no quita el hambre.
Escribir seguro que no, a él al menos.
Los versos buenos los encontré en una libretita en lo alto de una estantería.
Yo ni sabía que existieran.
Escribía con letra muy clara ni un borrón de arrepentimiento.
Tenían el filo intacto.
Él y su libretita fueron felices
como dos viejecitos que se llevan bien
y se mueren juntos para no dar por culo.
Y así fue.
El entierro se lo pagó él.
Yo le puse un par de horas de lágrimas limpiando su piso
y dos bolsas de basura de cuarenta litros del Carrefour.
¿Qué menos?