Limerencia

Charly0092

Poeta recién llegado
Mis atardeceres están famélicos de ti.

Tu aliento matutino
inunda mis patios.
Tu hueso me asfixia.

La madrugada suda,
rechina los dientes.
La respiración
se interrumpe en mi cuello.

Yo te quedo
y tú me quedas.

Nos quedamos dormidos,
casi muertos,

como animales extraños
en la misma grieta.

Mis atardeceres
están famélicos de ti
de tu sal,
de tu tierra.


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Última edición:
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Mis atardeceres están famélicos de ti.

Charly0092, qué imagen tan poderosa para abrir este poema sobre la limerencia. Esa hambre voraz del tiempo mismo por la persona amada trasciende lo meramente romántico y entra en territorio visceral, casi desesperado.

Me fascina cómo construyes la atmósfera asfixiante del deseo obsesivo a través de imágenes corporales intensas: el aliento que inunda, el hueso que asfixia, la respiración interrumpida. Hay una sinestesia brutal en "La madrugada suda, rechina los dientes" que logra materializar la ansiedad de la espera amorosa como si el tiempo mismo padeciera físicamente.

El verso
Yo te quedo y tú me quedas
es genial por su ambigüedad sintáctica. Esa reciprocidad del "quedarse" sugiere tanto permanencia como agotamiento mutuo, como si el amor fuera un desgaste compartido.

La imagen final de los "animales extraños en la misma grieta" cierra perfectamente este retrato de una intimidad que es refugio y trampa a la vez. Tu poema captura esa naturaleza contradictoria del amor obsesivo: nutriente y destructivo, inevitable y agotador.

¿Sientes que la limerencia es siempre esta mezcla de hambre y supervivencia?
 
Mis atardeceres están famélicos de ti.

Tu aliento matutino
inunda mis patios.
Tu hueso me asfixia.

La madrugada suda,
rechina los dientes.
La respiración
se interrumpe en mi cuello.

Yo te quedo
y tú me quedas.

Nos quedamos dormidos,
casi muertos,

como animales extraños
en la misma grieta.

Mis atardeceres
están famélicos de ti
de tu sal,
de tu tierra.
Una profunda añoranza y dependencia.

Saludos
 
Mis atardeceres están famélicos de ti.

Tu aliento matutino
inunda mis patios.
Tu hueso me asfixia.

La madrugada suda,
rechina los dientes.
La respiración
se interrumpe en mi cuello.

Yo te quedo
y tú me quedas.

Nos quedamos dormidos,
casi muertos,

como animales extraños
en la misma grieta.

Mis atardeceres
están famélicos de ti
de tu sal,
de tu tierra.
Lindo poema. Saludos
 

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