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Acostado en la cama, con la cabeza colgando y mis ojos entreabiertos, fui capaz de ver aquello a lo que nadie aspiró conocer.
Una melódica voz se escuchó desde la rendija de la puerta, el eco resonó oyendose así en todas las celdas que conforman ese largo pasillo.
-Acomoda tu cabeza, estás...