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La noche en que Lucía murió, pequeños granizos cayeron del cielo, no con la burda gravedad típica del hielo, sino con la misma delicadeza con la que habrían caído las plumas de una almohada al desgarrarse la funda. Parecía nieve, pero nadie se atrevió a llamarlaasí porque era imposible que...
Tendrán que creerme cuando les digo,
Que cuando escuché la conmoción,
La noche no había levantado aún su abrigo,
El alba lejos, me encamino a la habitación,
Me asomo y soy testigo,
De la más insólita visión,
El trifauce allí erguido,
Devorando las sobras del mesón,
Sus tres cabezas...