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Sírvame un gin tonic, Madame,
s'il vous plait,
algo amargo que apacigüe la sed de mi alma,
de mi lengua suicida
que hoy tiembla en un idioma de agujas;
que ha sido arrojada, como usted,
de la noria del ayer
al abismo.
Ay, Madame,
la noche nos vigila,
es austera,
no permite disfraces...
Qué tiene la mañana en su garganta;
qué acidez la pronuncia.
De pronto, un sueño se repliega de azules
y las persianas extienden el grito de la luz,
ensordeciendo la piel de mi nombre.
¿Dónde estás, niña? ¿dónde duerme tu risa?
ya no puedo sentir
tus manos amarillas.
Apenas una huella de humo...
No llamas.
No resuena tu voz en la esquina opuesta del bosque silencio.
Han caído sus hojas, todas, han caído en la batalla muda y asesina del tiempo,
y las piedras nos hablan, nos cuentan sus ruinas...
las piedras, tan frágiles, se quiebran tras la lluvia ácida y cobriza de otoño,
y el invierno...
Jamás la vi.
Solo intuía su aliento
a sombra
cuando la mencionaba la noche;
su aliento a pájaro
cuando la luna hundía su pico
de pergamino
bajo doradas sábanas
de infancia.
Mitad vampiro, mitad ángel
creció;
bebió de mí,
conmigo sangró, fagocitó
raíces de cristal.
Latente
su prolijo corazón...
Es medianoche
en el país del fauno
-eterna medianoche-
y le duelen las vísceras
de invocar a las hadas de la ceniza
y sangra profecías
cuando trepan fantasmas
por su búnker de arena.
A veces le crecen hebras de relámpago
en las uñas y un pozo blanco en las pupilas
y sueña... y soñando
araña...
Una noche de un día
de un invierno cualquiera,
vendrá a buscarme
el animal Ausencia;
vendrá con gesto turbio, desleído,
a pastar en el hueco de mis labios;
una noche de un día
sin memoria, vendrá
a llenar con su cuerpo este pozo de aire
donde hoy amarillean los pronombres.
Se acercará...
Palpita, piedra roja, palpita,
despierta la memoria;
no afiles tus aristas, no dejes a tu paso un rastro
de esqueletos azules, una impronta
de sueños arrugados de infancia;
quema las mieses agostadas,
purifica la sangre enmudecida;
enciende en mis pupilas su nombre;
déjale entrar
a la acordada...
Hoy no es un día cualquiera, mi Ángel:
es sábado, y estos pies han abortado las aceras
que beben a diario mi fatiga.
Es sábado
y estoy aquí, sentada
al borde del abismo,
junto a una taza de café y una buena ración
de interrogantes,
mirando a esta blanca sábana a los ojos.
Aquí lucho
invirtiendo...
Tienes alma de árbol, amor.
Tienes alma de tierra:
madera, sangre, savia,
rama, sudor, promesa...
Vas y vienes, acechas mis pisadas,
despeinas
la palidez del día
con un café y razones de cristal,
sonríes para que no nos duela
la lucha cotidiana;
cobijas mi cansancio
bajo tu sombra térrea.
Pero...
Palabra, no rehuyas mi voz.
Ven, picotea las semillas
que hoy te brindan mis manos.
Solo escucho el crepitar del silencio,
su peso en mis abismos.
Un cansancio que brama
olas de soledad
donde mecer la nada.
Palabra, estás durmiendo
en un túnel de espinas
y debo despertarte,
conversar con el...
Llegaron los sicarios del silencio.
Trataron de talar mi lengua redentora.
Sembraron
más negrura en el vientre del silencio
y un árbol hosco,
una raíz de enredadera
en cuyas arterias la luz ahorcaba
sus pupilas.
Llegaron los sicarios del silencio
y yo los he burlado,
he cerrado los ojos para...
El corazón de la piedra sangró siete raíces; siete oraciones vomitó. A la octava dejó de respirar razones de lluvia y se detuvo a palpar la honda oquedad de su derrota.
No eran precisas nacaradas tortugas de luz que conjugasen tiernamente la noche.
Una oscura parábola surgió desde el hígado...
La noche es blanca, Godot,
tú lo dijiste,
es blanca y quiere nevar sobre nosotros,
pronunciarse,
purificarnos con su trino de nieve.
Yo había muerto cuando lo comprendí,
cuando tatué en mi rostro su vértigo de acero,
¡oh, qué muerte más pura, Godot, qué dulce no saberse ciego
y ciegamente...
Fue siempre tan verde mi mano
para tu boca:
verde-cadáver
amanecía
Iba agrietándose
mientras ardía
entre las llamas de un eco sordo
La luz vibrante de un verso la maduraba
Pero era verde
era frágil
Tan frágil era
su piel
su alma
que cada tarde
recién caída del árbol
de la esperanza...
Hizo falta un gesto tan solo
y la negrura se nos cayó de las manos,
y la palabra salió de su trinchera
y arrojó su fusil de suicidios.
Tan solo un gesto mío, un gesto tuyo
unidos para un único destierro:
y yo que negaba el alma de las piedras,
y tú, que maldecías la vida, sus amargas escamas...
El aprendizaje de la vida está lleno de llagas, de tropiezos, de caídas... pero también hay destellos que guían.
Bellísima reflexión. Me ha encantado. Felicidades.
Me mira,
y sus ojos son ácidos,
y perforan la atronadora noche
de mi aliento.
-¿Qué tienes?
¿qué color se dispone a violar
mi pureza?
¿qué duelo te menciona?
Vienes a mí armada de puñales
de humo, de costrosas raíces.
Enciendes un fuego redentor
en mi vientre.
Me hieres con baladas de llanto...
Solo buscaba abrigar el silencio,
que incubase mi aliento,
hacer del aire una catedral
sin campanas.
La extensión del destino se cernía ante mí
blanca como la infancia.
Ah, pero las sombras muerden
a los perros del cielo.
Un ángel de grisú se adhiere
a la memoria
enhebrando pozos de negrura...
Una campana
va a despertar al fauno de su siesta
hiriendo su ceguera
-su lenta ceguera salvadora-
Ahora la tarde es de un azul proscrito,
palidece la luz
se abren viejas úlceras sobre la piel
del río...
Pronto
una sangre de bronce emanará del alma
del silencio,
excitando la sed
de la memoria...
Cerrando los ojos, abriéndolos al poder de la imaginación, desvelamos una magia salvadora.
Me ha gustado mucho esta incursión tuya en el surrealismo, estimado amigo.
Un abrazo.
Cabalgas, silencio,
a lomos de una bestia solitaria,
coronas mi temblor, señalas
mi cicatriz de pájaro vencido.
No,
no afines en mi oído
tu violín de suicidios,
tu incontable álgebra de aludes.
Tus dedos no pueden abarcar
mi cuello de amapola;
ya mi voz es murmullo quedo entre ríos de lumbre...
Un poema excelente, Palmira. Percibo una cierta lucha interna, un equilibrio frágil de quien anhela la pérdida de la cordura...
Precioso. Felicidades.
Un abrazo.
Increíbles imágenes van entretejiendo una dolorosa letanía, dotando de intensidad y belleza a cada verso.
Mis aplausos por este grandioso poema.
Un abrazo, Marius.
Petalo 1º
Se me quiebra el cristal de la infancia
al pensarte,
y regreso al mapa de mi primer paisaje
verdadero,
cuando los perros me intuían pájaro proscrito
y olisqueaban ya mi numen
improbable,
mientras iba cayendo sin red
hacia el abismo.
Yo te ofrezco a destiempo este pétalo roto...
Una blancura ácida nos bautiza,
amor mío.
Cose la piedra al párpado, los pies
a la insidiosa latencia del asfalto.
Siempre intuiste
mi fe por los abismos;
que la mañana suele abrirme sus brazos
desolados
cuando los grillos inoculan su esperma de metal
en el ojo del día.
Te he dicho...
La piel puede ser un cálido y fugaz refugio cuando los lazos del amor se difuminan y ya no queda luz en las palabras.
Me ha encantado este magnífico poema con tinte amargo.
Buen poema, iadra.
Un abrazo.
Un mundo sombrío, tenebroso, has plasmado en estos dramáticos versos de una profunda melancolía. A ver si encuentro alguna estrellita por aquí perdida y te la mando por email.
Me gusta leerte, amigo. Un fuerte abrazo .
Mi sincero agradecimiento al Jurado y a todos los compañeros que habéis contribuido con vuestra lectura y apoyo a esta distinción. Es todo un honor para mí. Felicidades también a mi compañero Ramiro, que lo merece, sin duda, por la belleza y calidad de su poesía.
Un cordial abrazo.
Mentirse para sobrevivir, para hacer creer a la Sombra que hemos derrocado a las huestes del dolor que acechan el espíritu.
Belleza y originalidad en tus versos. Me ha encantado.
Saludos.
Dios nevó anoche en mis pestañas;
posó su lengua desnuda
sobre las ramas de Albar.
Alguien me dijo
que los sueños pueden sangrar
criaturas aladas,
que Albar es desde siempre un árbol
cadavérico,
alimentado por un espíritu de metadona,
un clímax de madera
cuando el gusano del Gris agujerea
los...
Apartarse de esta rueda que gira y gira no se sabe hacia donde con nosotros en ella y recomponer nuestro mundo interior... Me ha encantado, Vicente.
Paso a saludarte y te dejo un abrazo.
Padre mío que estás
en el muro
¡protégeme!
No duermo. El sueño no sabe alcanzar
mis lagrimales.
No duermo, muro santo,
acúname con música de mar y sal,
con un poema que sepa volar
y roce al contacto de mi corazón
la punta de una estrella.
¡Qué feliz soy en tierra de nadie!,
¡qué hermoso este...
Todos los días
hay algún muerto en Brooklyn
al que nadie reclama.
Es domingo
en las estanterías del abandono
y llueve,
sigue lloviendo tenazmente
bajo un sol indomable.
Alguien olvidó anoche
cerrar la llave del gas
o del silencio
y algo estalló de pronto,
despedazó su costra
entre las uñas...
Quiso beberse el mar una mañana.
Ahogó su mansedumbre
con manos despeinadas,
y se vistió con sábanas de luna
queriendo eclipsar el renglón opaco
de sus huellas.
Sentía la sed de un eco salado en la garganta
que tatuara una rosa fugaz sobre el vientre
adusto
del hastío,
una balada azul
irisando...
La vida nos va descomponiendo, nos hace pedazos de abismo que luego tratamos de ir juntando para seguir caminando, para sobrevivirnos...
Aplausos y más aplausos, Valerie. Un placer encontrar tu poesía.
Un abrazo.
No creo en el azar.
Lo supe
cuando recogiste los pedazos de sol
que me estallaron en las manos
un invierno de octubre
e hiciste con ellos un pan a la medida
de mi hambre.
No creí en el azar
cuando
el reptil que trepó por las sienes nevadas
del Nunca
deshizo el nudo trabado en la lengua del...
Siento una rebelión de estalagmitas bajo tus ojos,
hija mía,
-dijo anoche mi sombra-
y sabes que la distancia es un corcel de fuego
que relincha en los ventrículos de la piedra
escondida
bajo el puño izquierdo
de un latido;
sabes que hay párpados que se bifurcan en las encrucijadas
de la luna...
Fantástico poema, querido amigo. Esos ángeles que tanto visitan tus versos acrecientan aquí su huella dramática delatando las sombras cristalizadas en la memoria.
Mis aplausos a tu inmensa creatividad, Marius.
Abrazos.
Ayer me sonrieron
los cipreses de Cormalt
¿los recuerdas, hermano?
Su triste gallardía,
su sobriedad de mártires cobijando
las tumbas oxidadas del tiempo...
Ellos,
dignos guardianes de un crisol
en el que se fraguaban
raíces de metano y mariposas
suicidas.
Mis cipreses de Cormalt,
tan austeros...
La lluvia como un cuerpo ácido que no es capaz de disolver la carne del amor, pero que va perforando gota a gota la soledad... Profundos y melancólicos versos, Marius. Destaco este fragmento por su belleza y hondura:
No saben los peces qué es morirse por falta de aire.
Sólo disimulan y...
Pronto amanecerá
- sueñan los pájaros-
Las abejas ya almacenan un polen de alcanfor
sobre el hígado marchito
del silencio.
Pronto amanecerá
-gritan los hijos del abismo-
Un vómito de miel aventura
la preñez de las muñecas de trapo.
Sin embargo, los duendes
aún ciñen mi cintura a una veta de...
Pregúntate
por qué deletreas la renuncia;
por qué golpeas las teclas de este piano
quimérico
con la parábola de tu signo ensangrentado;
porqué frecuentas páramos virtuales donde gimen
los náufragos del amor
de tarde en tarde
o desgarras con un cuchillo de luz
las arterias azules del poema...
El individuo frente a un mundo decadente, la soledad del animal humano que se siente aislado en un entorno hostil o extraño; el individuo que sólo puede ser salvado por la mano del amor y la inocencia... Profundo, interesante y reflexivo poema, querido amigo.
Un abrazo, Marius.
Hola, Ramiro. Muchas gracias por comentar. No te preocupes, es que el poema me salió más intenso y nostálgico de lo que yo esperaba, como para intensificar el contraste la luz /oscuridad, presencia/ausencia. Un abrazo, Ramiro.