Marla
Poeta fiel al portal
El corazón de la piedra sangró siete raíces; siete oraciones vomitó. A la octava dejó de respirar razones de lluvia y se detuvo a palpar la honda oquedad de su derrota.
No eran precisas nacaradas tortugas de luz que conjugasen tiernamente la noche.
Una oscura parábola surgió desde el hígado maltrecho del silencio hasta llenar de tierra la lengua de los pájaros.
Abre tus muros, piedra: rebusca en el subsuelo del caos un anidamento de palomas.
La noche llama a la noche y baila un tierno vals con la mentira, luego se funde en caricias de cristal hasta
desollar la primavera. Su danza es un ritual de espuma que quiebra la sombra con la sombra. Pero tu alma es blanca, piedra, más blanca que tu lengua y su sombra se prolonga en tus manos-raíces, carece de astucia para repoblar de cantos la tierra de la mediocridad.
No tiembles, piedra, calla mientras el fósforo del amanecer inunda el almanaque fugaz de tu cordura.
No eran precisas nacaradas tortugas de luz que conjugasen tiernamente la noche.
Una oscura parábola surgió desde el hígado maltrecho del silencio hasta llenar de tierra la lengua de los pájaros.
Abre tus muros, piedra: rebusca en el subsuelo del caos un anidamento de palomas.
La noche llama a la noche y baila un tierno vals con la mentira, luego se funde en caricias de cristal hasta
desollar la primavera. Su danza es un ritual de espuma que quiebra la sombra con la sombra. Pero tu alma es blanca, piedra, más blanca que tu lengua y su sombra se prolonga en tus manos-raíces, carece de astucia para repoblar de cantos la tierra de la mediocridad.
No tiembles, piedra, calla mientras el fósforo del amanecer inunda el almanaque fugaz de tu cordura.