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Un hombre se cruza con una mina despampanante. Se da vuelta y la mira toda.
Después suspira y dice:
—¡Dios! ¡Qué ganas de ser esa campera para abrazarla!
¡¡Pufff!!
Y el hombre es transformado en la campera.
Pero a los pocos pasos la mina despampanante mira a su izquierda, a una pobre viejecita...
Buenas.
Me gustó el texto. La sensación que transmite. Y, en línea con eso, me parece que en algunos momentos la sobrecarga de palabras le resta fuerza.
Por ejemplo, la contundencia de la primera frase:
Una lluvia torrencial cayó sobre el lugar donde jugaban los niños y borró la rayuela que...
Gracias a los tres por su tiempo y sus comentarios.
(y gracias por la bienvenida: sé que tengo mucho para mejorar en el viaje del decir poético, y cada paso que pueda dar será fruto de alegría).
Adelante, pues.
La miro entre las ramas,
hojas inquietas
que dejan y no dejan verla.
Verla, a ella, que se va.
Y se va.
Quizá sea mejor:
dar media vuelta,
cerrar este capítulo,
y ser maduros.
(Porque eso es, dicen, madurar:
soltar recuerdos)