Hace varias décadas atrás,
se hablaba de un hombre feo.
Feo... de esos feos muy feos.

Y de el se comentaba,
que supo ser hermoso
que tenía una esposa
a la que amaba como a nadie
y que un buen día desapareció.

Cuentan que el sufrió tanto,
que su rostro comenzó a transformarse.
Primero le nacieron líneas de desidia
y luego arrugas de tristeza,
sus ojos se fueron cayendo deformados por la humedad
y su boca fue un cordón mal atado.
Verdaderamente feo, terrible,
tanto que nunca más pudo salir de su casa,
porque era apedreado,
corrido, insultado
y temido.

Han pasado décadas lo sé,
es solamente un cuento, habladurías,
cosas que se comentan cuando el aburrimiento
somete a las personas.

Igual...
esta madrugada,
que me sentí un poco solo
fui a mirarme al espejo.
Pero no abrí los ojos.

Es que ya se
que no soy hermoso
y la línea que llevo desde hace días en la frente,
se debe a la edad,
también se que miré bien...
y tu estabas.