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Tema: El perro

  1. #1

    Predeterminado El perro

    Cada perro debe tener su día.
    Jonathan Swift

    Siempre desconfié de los animales y no me agradaba la idea de llevar un perro a mi casa. Cedí a mi convencimiento debido a la insistencia de mi esposa, quien aseguraba que un cachorro sería un fantástico compañero de juegos para nuestra pequeña hija.
    Averigüé que los boxer y los setter tenían fama de ser buenos con los niños. Me decidí por un setter por su aspecto más amistoso.
    Nuestra hija quedó encantada. Jugaba con el cachorro todos los días y disfrutaba mucho cuidándolo. Lo cepillaba, lo bañaba y lo alimentaba con alegría. Después de todo, pensé, haber traído a un perro había resultado un acierto.
    Un año después, un soleado sábado de otoño, disfrutaba de una charla de sobremesa junto a mi esposa, después de haber almorzado un regio asado. Nuestra hija jugaba tranquilamente en el jardín. Era una tarde serena y silenciosa, hasta que un fuerte grito de nuestra hija interrumpió la paz.
    Nos levantamos, asustadísimos, y salimos al jardín. Nuestra princesita corría hacia nosotros, llorando, con la cara ensangrentada.
    Mi esposa gritó aterrorizada y yo corrí a su encuentro.
    -¿Qué pasó mi amor? -le pregunté.
    -Me mordió, papito... -me contestó abrazándome asustada y entre sollozos.
    Sabía lo que tenía que hacer: limpiar, desinfectar y llevarla al hospital. La alcé en brazos y me dirigí al cuarto de baño, pidiéndole a mi esposa, que nos seguía llorando y al borde de un ataque de nervios, que me traiga el botiquín para desinfectar la herida.
    Al limpiar la zona con agua y jabón pude ver las marcas de los dientes del perro en la nariz y en el labio superior. Eran heridas punzantes, no había desgarros. El perro estaba vacunado, eso me tranquilizaba, pero me preocupaba que le quedara alguna cicatriz.
    Llegó mi esposa con el botiquín. Volví a desinfectar con agua oxigenada y con una gasa ejercí presión sobre la herida hasta cortar la hemorragia. Cuando salimos del baño, mi esposa nos esperaba con abrigos, los documentos y las llaves del auto.
    Ya en la sala de guardia, una enfermera volvió a limpiar la herida con yodo mientras mi esposa relataba lo sucedido. Cuando llegó el médico, la enfermera le dijo en tono de reproche: “mordida por su perro”. El médico, inmutable, saludó y preguntó si el el animal estaba vacunado. Mi esposa le extendió los certificados de vacunación, el médico los examinó distraídamente y se los devolvió. El resto fue una inútil rutina hospitalaria que incluyó una orden para hacer una radiografía y la prescripción de antibióticos y analgésicos.
    Nada de eso hicimos. Como la nena estaba de buen humor la llevamos a pasear por la ribera del Río de la Plata. Le compramos y remontamos un hermoso barrilete chino, y comimos pochoclo e higos acaramelados.
    Pasamos una tarde de lo más animada. Regresamos a casa al atardecer.
    Cenamos temprano y acostamos a la nena, que se durmió enseguida. Nos quedamos tomando un café en el comedor, reflexionando para nuestros adentros sobre lo sucedido, hasta que rompí el silencio.
    -Perro de mierda... lamentablemente va a haber que sacrificarlo -y hablaba muy en serio.
    -¡Por favor, no!, ¡por favor! -se horrorizó mi esposa.
    Argumenté que el perro no era confiable y que no podíamos exponer a nuestra hija con esa bestia impredecible. Pero ella me rogó no llegar a ese extremo, que además de inhumano, sería traumático para nuestra hija. Nuevamente cedí a sus ruegos, pero impuse una condición.
    Al día siguiente me desperté temprano y salí de compras. Regresé con una jabalina de metal perforada, una cadena de cinco metros, un grillete y un candado. A martillazos anclé la jabalina en el jardín y la uní a la cadena con el grillete. Con el candado uní el otro extremo al collar del perro.
    El animal vivió encadenado el resto de sus días. Cuando murió, seis años después, lo enterré allí mismo, con cadena y todo.

    ---
    Fernando M. Sassone
    Última edición por elbosco; 15/04/2013 a las 09:29 Razón: cambio de persona... lo siento, la primera persona le queda mejor...

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  2. #2
    arquiton
    Invitado

    Predeterminado Re: El perro

    Triste historia, amigo elbosco, pero es como tú dices, si el perro no es confiable no puedes arriesgar a tus niños... Alguna vez mi padre sacrificó personalmente a un hermoso ovejero, que no nos respetaba...
    ¿Vives cerca del Río de la Plata? ¿Debe ser hermoso, no es cierto? (¡jaja!)

    un abrazo y bienvenido al sitio

  3. #3

    Predeterminado Re: El perro

    Arquitón!, ante todo, gracias por la lectura! Lamento sí, haber posteado una versión con algunos errores imperdonables acaecidos cuando apresuradamente cambié a primera persona el relato. La lectura de un relato es siempre única y suele suceder que uno no vuelve a leer ni siquiera sus relatos predilectos, menos podría esperar yo de esta sencilla historia, en donde es lo anecdótico lo que agota las expectativas.
    Efectivamente vivo, sabemos que no adivinaste, en el hermoso Delta del Parana, hecho sobre el que Arquitón mucho ha tenido que ver abriéndome los ojos a una belleza tan cercana y tan frágil. ¡Gracias por eso!
    Espero puedas echarle una mirada a los otros textos que subí. ¡Abrazo!

  4. #4
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    Predeterminado Re: El perro

    Cita Iniciado por elbosco Ver mensaje
    Cada perro debe tener su día.
    Jonathan Swift

    Siempre desconfié de los animales y no me agradaba para nada la idea de llevar un perro a mi casa. Cedí a mi convencimiento debido a la insistencia de mi esposa, quien estaba segura de que un cachorro sería un fantástico compañero de juegos para nuestra pequeña hija.
    Supe que los Boxer y los Setter tenían fama de ser buenos con los niños. Me decidí por un Setter porque me parecieron de aspecto más amistoso.
    Y nuestra hija quedó encantada. Jugaba con el cachorro todos los días y disfrutaba mucho cuidándolo. Lo cepillaba, lo bañaba y lo alimentaba, siempre llena de entusiasmo. Después de todo, pensé, traer al perro había sido un acierto.
    Pasó un año, y un soleado sábado de otoño, charlábamos de sobremesa con mi esposa después de haber almorzado un regio asado, y nuestra hija jugaba tranquilamente en el jardín. Era una tarde serena y silenciosa hasta que escuchamos gritar a mi hija.
    Automáticamente nos levantamos, alarmados y asustados, y salimos al jardín. Nuestra princesita corría hacia nosotros llorando, con la cara ensangrentada. Mi esposa, gritó su nombre aterrorizada, y yo me adelanté y corrí a su encuentro.
    La examiné y le pregunté
    —¿Qué pasó mi amor?
    —El perro. —Me contestó entre sollozos.
    —¡La mordió el perro! —dije alzándola en brazos y entramos corriendo a la casa. Le pedí a mi mujer que me traiga el botiquín y la llevé al baño para desinfectar la herida. Al limpiarla con agua y jabón pude ver las marcas de la mordida en la nariz y en el labio superior. Eran heridas punzantes, no había desgarros. Sabía lo que tenía que hacer: limpiar, desinfectar y llevarla al hospital. El perro estaba vacunado, eso me tranquilizaba, pero me preocupaba que le quedara alguna cicatriz.
    Ya en la sala de guardia, una enfermera limpió la herida con yodo mientras mi esposa relataba lo sucedido. Cuando llegó el médico, la enfermera le dijo en tono de reproche: “mordida por su perro”. El médico, inmutable, saludó y preguntó si el el animal estaba vacunado. Mi esposa buscó los certificados de vacunación en su cartera y se los pasó, el médico los examinó distraídamente y se los devolvió. El resto fue rutina hospitalaria.
    Como la nena estaba de buen humor la llevamos a pasear por la ribera del Río de la Plata. Le compramos un hermoso barrilete chino, pochoclo e higos acaramelados. Pasamos una tarde de lo más animada.
    Volvimos a casa al atardecer. Cenamos temprano y acostamos a la nena, que se durmió enseguida.
    Nos quedamos tomando un café en el comedor, reflexionando para nuestros adentros sobre lo sucedido, hasta que rompí el silencio.
    —Perro de mierda.... lo voy a hacer sacrificar —y hablaba muy en serio.
    —¡Por favor, no!, ¡por favor! —se horrorizó mi esposa.
    Argumenté que el perro no era confiable y que no iba a exponer a nuestra hija a una bestia impredecible. Ella me rogó no llegar a ese extremo, que además de inhumano, sería traumático para nuestra hija. Nuevamente cedí a sus ruegos, pero impuse una condición.
    Al día siguiente me desperté temprano y salí de compras. Regresé con una jabalina de metal perforada, una cadena de cinco metros, un grillete y un candado. A martillazos anclé la jabalina en el jardín y la uní a la cadena con el grillete. Con el candado uní el otro extremo al collar del perro.
    El animal vivió encadenado el resto de su vida. Murió seis años después y lo enterré allí mismo, en el jardín, con cadena y todo.

    ---
    Fernando M. Sassone
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    Es una historia muy triste. Quizás nos olvidamos que los perros no son muñecos de peluche, que no son juguetes para los niños, que hay que enseñarle a éstos a tratarlos, a no acercarse sorpresivamente (pues se asustan como nosotros) o que no hay que molestarles cuando no están de humor (esto último también se aprende a detectarlo); es un ser vivo que se asusta como nosotros, que se enfada como nosotros, que tiene sus buenos y malos momentos, sus estados de ánimo y su salud tiene altos y bajo como la nuestra, lo malo es que ante una reacción sospresiva que no comprenden no puede explicarlo, ni gritar ni insultar. Siempre he tenido perros y alguna vez algún mordisco nos llevamos, nunca injustificado, el perro no habla, reacciona. Convivir con perros es una lección de respeto mutuo y de cariño mutuo. Jamás podría tener un perro atado toda su vida a una cuerda.

    Cierto que hya perros más peligrosos (calificados así incluso por leyes) el Setter no es uno de ellos, y cierto que pueden perder la razón como a veces la pierden los humanos... y en estos casos no hya otra que sacrificarlos si son dañinos injutificadamente.

    Sigo diciendo que escribes muy bien, aunque este tema duele.

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  5. #5

    Predeterminado Re: El perro

    Gracias por tu extenso comentario y opinión Julia. Si, la historia es muy triste, y tristemente está inspirada en una historia real, de la cual, gracias a Dios, no fui el protagonista.
    Supongo que los animales tienen tanto derecho a cometer errores como los humanos, tal vez más derecho.

    Gracias por visitarme y leerme!

  6. #6
    Poeta adicto al portal
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    Predeterminado Re: El perro

    Sabes a mí no me gustan los perros, pero tampoco los maltrato en lo absoluto, después que mi padre murió mi mama estuvo muy triste y mis hermanos y yo decidimos regalarle un perrito, se llama Bela, a partir de ese momento la angustia de mi madre fue desapareciendo; hoy Bela es la consentida de la casa, un placer saludarte amigo

  7. #7

    Predeterminado Re: El perro

    Un placer cambiar los aires de discordia, es mejor concentrarse en lo mejor de cada uno ¿no? somos distintos, pensamos distinto, pero compartimos el amor por la vida y la belleza, debería ser suficiente. Abrazo! gracias por pasar.

    Fernando Sassone
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  8. #8
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    Predeterminado Re: El perro

    jajajaja, honestamente el final de esta historia real me ha causado mucha risa( la condición impuesta para no sacrificar al perro), me gusta mucho el profundo instinto que tienes de proteger a tus hijos, que al final de esta historia, es lo que mas resalta para mi, saludos desde Venezuela, yo soy una poeta en pañales que busca encontrar su madurez algún día¡

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    Olga Del Valle Guerra Marcano.



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  9. #9

    Predeterminado Re: El perro

    Qué bueno que te haya causado risa!! hasta ahora sos la primera que me lo dice... todos me cuestionan la dureza del personaje, pero nadie me dijo que le causaba risa... te cuento que es ficción, basado en hechos reales, eso si, pero no fui yo el protagonista.

  10. #10
    Poeta que considera el portal su segunda casa Avatar de huellas
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    Predeterminado Re: El perro

    Hay muchos animales enjaulados o atados de por vida. Yo me pregunto ¿qué sentido tiene torturar un ser vivo de ese modo?, claro que, a diario somos espectadores de situaciones similares con humanos... y peores.
    Buena historia Fer, provocadora. Lo que yo veo de gracioso, según el último comentario, es la ironía de no matar matando, que no es poco.

    Abrazos

    Ana

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