SONRISA
Poeta adicto al portal
Solo bastará fijar la mirada
en los lienzos que cuelgan de la ventana
y es ahí
donde está marcada la historia,
indeleble historia
para la pupila del expectante
que la ha bebido con los ojos del alma
en un por siempre.
Un poeta
no deja de serlo de la noche a la mañana,
es un signo con el que se ha nacido
y solo otro igual
descifrará sus trazos
los que se conjugarán
en el silencio de los cánticos,
desgarradas notas de las liras
al unísono en los cielos
quedando titilando en las estrellas
la luz que los reunirá
mientras estén vivos,
se escucharán en lejanías
a los cuatro vientos
o en el mutismo de los ojos,
también
en medio del bullicio o en algún lecho,
intemporales
sin espacios
por que el misterioso universo
fue el que los sitúo
en los mismos planos y vértices
coincidiendo absolutamente
eternamente.
¿Qué huellas deja la carne
que marqué el espíritu
en lo sutil de su esencia?
Lo que el alma aprendió
a percibir,
a sentir sin rozar
se acrisoló antes de llegar a la fibra.
¿Qué importa la fibra entonces?
Antes de que los hilos sean polvo
antes de reversar las pupilas a la nada,
nos volveremos a reunir
con los ojos del corazón
y serán uno y todos los versos,
cadenas que los concilie
en este plano
y en la eternidad,
para siempre.
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