hugoescritor
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las horas caían
del entramado del tiempo,
agotadas,
llovían sobre mi desconcierto.
La noche,
invicta,
nuevamente vacía,
con paso cansino se iba hacia el día.
Arrastrando los pies
la mañana llegaba,
con su absurda promesa
de una nueva jornada.
Y yo,
que era un páramo
para los sentimientos,
me ponía los ojos
y salía a la calle.
Algún perro,
insonme compañero de llantos,
me seguía los pasos
sin mucho entusiamo.
Y mi alma, un baldío
con fanático empeño,
corría desolada
detrás de su dueño.