danie
solo un pensamiento...
Álvaro Urtecho (biografía)
Alvaro Urtecho fue un poeta, crítico literario y ensayista en lengua castellana nacido en 1951 en Rivas (Nicaragua) y muerto en 2007 en Managua.
Realizó estudios de Bachillerato en el Instituto Nacional "Rosendo López" de su ciudad natal. Cursó estudios de Humanidades en la Universidad Centroamericana y de Filosofía y Letras en Madrid y Barcelona. Tenía apenas 15 años cuando comenzó a escribir sus primeros poemas.“Cantata estupefacta y otros poemas”, “Auras del milenio”, “Esplendor de Caín”, “Tumba y residencia”, “Tierra sin tiempo” y “Cuadernos de la provincia” son algunos de los libros que publicó en su vida y que le permitieron recibir diversos reconocimientos, al igual que su trabajo como periodista cultural.
Columnista en diversas publicaciones, editor de las secciones culturales de distintos periódicos y periodista radial, Urtecho fue distinguido por la Asociación de Periodistas de Nicaragua con el Premio Rigoberto Cabezas en 1999. El Semanario, Ventana y Bolsa de Noticias son algunos de los medios de prensa que contaron con artículos de su autoría.
En Costa Rica escribió su extenso poema Cantata estupefacta Entre 1979 y 1983 trabajó en la UNAN (Managua) como profesor de Filosofía y Literatura. Desde 1988 se dedica de tiempo completo al periodismo cultural en El Nuevo Diario y otras publicaciones…
Después de pelear durante varios años contra una dura enfermedad, Álvaro Urtecho Lacayo falleció el 20 de diciembre de 2007 en Managua. Fue velado en el Museo de Rivas, su ciudad natal, en medio de homenajes y recordatorios de entidades como el mencionado Centro Nicaragüense de Escritores y la Academia Nicaragüense de la Lengua. Gracias a su talento, su obra permanece en la memoria de su pueblo y de sus lectores en cualquier rincón del mundo.
Muchos consideran que Álvaro Urtecho no fue un poeta de la incursión gótica, pero en sus diversas temáticas, se puede encontrar la tortura, el dolor, la miseria y sobre todas las cosas la muerte. El misterio de la analogía en lo místico y ancestral de la vida misma que conlleva sus escritos lo forja un gótico posmodernista.
Por este punto de vista Urtecho, surca la literatura gótica y por ese hecho lo sito en esta biblioteca.
Algunas de sus obras
Lázaro
El seco estrépito
de un repentino alzarse de palomas
estremeció mis pasos.
Fue como si algo
se me escapará de la carne,
sorprendida su raíz.
Como si al muerto que guardo
le levantaran la losa y por el mundo
caminara ya sin nada entre las manos.
-----------------------------------------------------------------------------------------------
Ámbito
Palacios abandonados:
una ráfaga escabrosa de tiempo
pasa por ellos: un hálito de ausencia,
una explosión de pétrea melancolía.
Y sin embargo están allí:
con sus muros altísimos
y sus vastos recintos dispuestos
para la escena sublime
del ritual desplegándose frente
a la pregunta permanente
de los ojos humanos, ¡ceremonias,
rituales de la grandeza y el asombro!
Entrada y fuga precipitada
de aves agoreras,
cenizas y fantasmas de príncipes,
emperadores y reyes
con sus voces borradas como ríos secados
copas de vino denso y arpas
de sonido recatado en la sombra.
Flautas de aurífero gorjeo.
Pergamino de bordes carcomidos.
Palimpsestos de inscripciones cifradas.
Cofres de sellados fulgores.
Sarcófagos impenitentes.
Palacios abandonados
por siervos y señores, vencidos y vencedores.
Historia cerrada y abierta,
descubierta y redescubierta,
encontrada y reencontrada
hasta la sordamente imprevista
consumación de los siglos.
-----------------------------------------------------------------------------
Sábado a mediodía
Azorado, ceñido el corazón a sus imágenes,
frente al intenso resplandor del sol
que se endurece entre el tejado de zinc
y los cables del alumbrado público,
piensa en la ciudad en que ahora vive
y se sabe, como en todas, extranjero.
Piensa en la lentitud del mundo,
y las cosas rotundas que ha visto.
Símbolos, seres, signos. Todo tan real:
el paso de los años, el rito de los hijos
enterrando a sus padres, tantos
cuerpos amados, sus bocas olvidadas,
la dulzura del niño perdido, el fragor,
el oscuro designio, la incandescencia
Reclama un horizonte que no lo petrifique,
una patria florida y generosa que dé amor
a sus hijos, un color, un movimiento
para la imaginación.
Cree que hay un lugar
donde él iría, un oculto lugar en un bosque,
Se siente allí, se imagina una senda esencial:
una cierta vereda con muy pocas figuras
en la bruma lechosa, un breve cementerio,
una fronda cercana de ondulados rumores
y ladridos y voces y campanas fluyendo
de otros tiempos como sangre…
Se sabe
tenebroso, es cierto y siente
como le crece por dentro la condena.
----------------------------------------------------------------------------------
La corona de espinas
Desde que vi en la primera iglesia
-vecina de la casa donde cantaron
los gallos de mi nacimiento junto
a la sonrisa inclinada y curiosa
de mi madre-, la faz de Jesucristo,
su corona de espinas, no he dejado
de buscar nunca a ese hombre,
la suma del dolor humano,
la suma de lo que no dijeron
ni griegos ni romanos, ni el judío
fariseo envuelto en su traje lujoso
del Pontífice dictaminando la Ley
y la Norma como después en las
capillas augustas del Vaticano.
La suma del dolor, de la pregunta
inquisitiva alzada al cielo desde
el peso del madero sangrante,
oloroso, para mí, a corozo e incienso,
la suma de todo lo que nos atañe
más allá de la eras con sus dioses
circulando y asentándose en altares,
deshaciéndose en oros y monedas.
¿Donde habitas, Cristo nuestro,
dónde está tu primera y última
pregunta y tu corona umbilical
de espinas?¿ Eres el hombre
que habitamos, el hombre que
asesinan e incineran todos los días?
Inútil es recordar tu sufrimiento
que escribas y escribanos guardan
como unas efemérides más en los
calendarios del César y sus sátrapas
de ayer y de ahora. Tú no existes,
Jesús, Nazareno, como algo fuera
de nosotros, como algo impuesto
por los perros guardianes de la
Fe ortodoxa en su euforia triunfante.
Tú estás en nuestras venas, eres
la sangre que alimenta nuestro
anhelo de protesta y rebelión.
Eres el vino que apuramos
y la embriaguez compartida.
Eres, en nuestra tarde que declina,
en nuestra noche poblada de
fantasmas y temores, el hombre
que somos, el rostro que nos
duplica en el espejo, el encarnado
en las vertebras y en los corazones
que resucitarán algún día cuando
sean dados todos los abrazos
y los besos que no pudimos dar.
Bibliografía extraída:
Wikipedia –poemas del alma- cincuenta poemas de Alfonso Cortez,” editorial: Colección Presidencial Enrique Bolaños- Año 2006” - www.poemasde.net/amor/poemas_vida_obra_alvaro_urtecho.
Alvaro Urtecho fue un poeta, crítico literario y ensayista en lengua castellana nacido en 1951 en Rivas (Nicaragua) y muerto en 2007 en Managua.
Realizó estudios de Bachillerato en el Instituto Nacional "Rosendo López" de su ciudad natal. Cursó estudios de Humanidades en la Universidad Centroamericana y de Filosofía y Letras en Madrid y Barcelona. Tenía apenas 15 años cuando comenzó a escribir sus primeros poemas.“Cantata estupefacta y otros poemas”, “Auras del milenio”, “Esplendor de Caín”, “Tumba y residencia”, “Tierra sin tiempo” y “Cuadernos de la provincia” son algunos de los libros que publicó en su vida y que le permitieron recibir diversos reconocimientos, al igual que su trabajo como periodista cultural.
Columnista en diversas publicaciones, editor de las secciones culturales de distintos periódicos y periodista radial, Urtecho fue distinguido por la Asociación de Periodistas de Nicaragua con el Premio Rigoberto Cabezas en 1999. El Semanario, Ventana y Bolsa de Noticias son algunos de los medios de prensa que contaron con artículos de su autoría.
En Costa Rica escribió su extenso poema Cantata estupefacta Entre 1979 y 1983 trabajó en la UNAN (Managua) como profesor de Filosofía y Literatura. Desde 1988 se dedica de tiempo completo al periodismo cultural en El Nuevo Diario y otras publicaciones…
Después de pelear durante varios años contra una dura enfermedad, Álvaro Urtecho Lacayo falleció el 20 de diciembre de 2007 en Managua. Fue velado en el Museo de Rivas, su ciudad natal, en medio de homenajes y recordatorios de entidades como el mencionado Centro Nicaragüense de Escritores y la Academia Nicaragüense de la Lengua. Gracias a su talento, su obra permanece en la memoria de su pueblo y de sus lectores en cualquier rincón del mundo.
Muchos consideran que Álvaro Urtecho no fue un poeta de la incursión gótica, pero en sus diversas temáticas, se puede encontrar la tortura, el dolor, la miseria y sobre todas las cosas la muerte. El misterio de la analogía en lo místico y ancestral de la vida misma que conlleva sus escritos lo forja un gótico posmodernista.
Por este punto de vista Urtecho, surca la literatura gótica y por ese hecho lo sito en esta biblioteca.
Algunas de sus obras
Lázaro
El seco estrépito
de un repentino alzarse de palomas
estremeció mis pasos.
Fue como si algo
se me escapará de la carne,
sorprendida su raíz.
Como si al muerto que guardo
le levantaran la losa y por el mundo
caminara ya sin nada entre las manos.
-----------------------------------------------------------------------------------------------
Ámbito
Palacios abandonados:
una ráfaga escabrosa de tiempo
pasa por ellos: un hálito de ausencia,
una explosión de pétrea melancolía.
Y sin embargo están allí:
con sus muros altísimos
y sus vastos recintos dispuestos
para la escena sublime
del ritual desplegándose frente
a la pregunta permanente
de los ojos humanos, ¡ceremonias,
rituales de la grandeza y el asombro!
Entrada y fuga precipitada
de aves agoreras,
cenizas y fantasmas de príncipes,
emperadores y reyes
con sus voces borradas como ríos secados
copas de vino denso y arpas
de sonido recatado en la sombra.
Flautas de aurífero gorjeo.
Pergamino de bordes carcomidos.
Palimpsestos de inscripciones cifradas.
Cofres de sellados fulgores.
Sarcófagos impenitentes.
Palacios abandonados
por siervos y señores, vencidos y vencedores.
Historia cerrada y abierta,
descubierta y redescubierta,
encontrada y reencontrada
hasta la sordamente imprevista
consumación de los siglos.
-----------------------------------------------------------------------------
Sábado a mediodía
Azorado, ceñido el corazón a sus imágenes,
frente al intenso resplandor del sol
que se endurece entre el tejado de zinc
y los cables del alumbrado público,
piensa en la ciudad en que ahora vive
y se sabe, como en todas, extranjero.
Piensa en la lentitud del mundo,
y las cosas rotundas que ha visto.
Símbolos, seres, signos. Todo tan real:
el paso de los años, el rito de los hijos
enterrando a sus padres, tantos
cuerpos amados, sus bocas olvidadas,
la dulzura del niño perdido, el fragor,
el oscuro designio, la incandescencia
Reclama un horizonte que no lo petrifique,
una patria florida y generosa que dé amor
a sus hijos, un color, un movimiento
para la imaginación.
Cree que hay un lugar
donde él iría, un oculto lugar en un bosque,
Se siente allí, se imagina una senda esencial:
una cierta vereda con muy pocas figuras
en la bruma lechosa, un breve cementerio,
una fronda cercana de ondulados rumores
y ladridos y voces y campanas fluyendo
de otros tiempos como sangre…
Se sabe
tenebroso, es cierto y siente
como le crece por dentro la condena.
----------------------------------------------------------------------------------
La corona de espinas
Desde que vi en la primera iglesia
-vecina de la casa donde cantaron
los gallos de mi nacimiento junto
a la sonrisa inclinada y curiosa
de mi madre-, la faz de Jesucristo,
su corona de espinas, no he dejado
de buscar nunca a ese hombre,
la suma del dolor humano,
la suma de lo que no dijeron
ni griegos ni romanos, ni el judío
fariseo envuelto en su traje lujoso
del Pontífice dictaminando la Ley
y la Norma como después en las
capillas augustas del Vaticano.
La suma del dolor, de la pregunta
inquisitiva alzada al cielo desde
el peso del madero sangrante,
oloroso, para mí, a corozo e incienso,
la suma de todo lo que nos atañe
más allá de la eras con sus dioses
circulando y asentándose en altares,
deshaciéndose en oros y monedas.
¿Donde habitas, Cristo nuestro,
dónde está tu primera y última
pregunta y tu corona umbilical
de espinas?¿ Eres el hombre
que habitamos, el hombre que
asesinan e incineran todos los días?
Inútil es recordar tu sufrimiento
que escribas y escribanos guardan
como unas efemérides más en los
calendarios del César y sus sátrapas
de ayer y de ahora. Tú no existes,
Jesús, Nazareno, como algo fuera
de nosotros, como algo impuesto
por los perros guardianes de la
Fe ortodoxa en su euforia triunfante.
Tú estás en nuestras venas, eres
la sangre que alimenta nuestro
anhelo de protesta y rebelión.
Eres el vino que apuramos
y la embriaguez compartida.
Eres, en nuestra tarde que declina,
en nuestra noche poblada de
fantasmas y temores, el hombre
que somos, el rostro que nos
duplica en el espejo, el encarnado
en las vertebras y en los corazones
que resucitarán algún día cuando
sean dados todos los abrazos
y los besos que no pudimos dar.
Bibliografía extraída:
Wikipedia –poemas del alma- cincuenta poemas de Alfonso Cortez,” editorial: Colección Presidencial Enrique Bolaños- Año 2006” - www.poemasde.net/amor/poemas_vida_obra_alvaro_urtecho.
Última edición: