Recuerdo

Hugo Augusto

Poeta recién llegado
A tu cuerpo llegaba la primera luz del día
Isabel
Siempre​
-Entonces yo era un hombre cualquiera-
Y te quedabas en el colchón como zona montañosa
Y dejabas andar a tus pezones como ciervos
-Yo también anduve en ti como un ciervo-
Las hierbas de tu piel se humedecían
Tu cabello regalaba el olor de la tierra joven
Y tus piernas estaban hechas de madera bronceada
Entonces yo era un hombre simple
Como cualquier hombre
Fatigado por el peso de su cruz​
Pero luego abrías los ojos Isabel
Luego sonreías
Luego
¿Cómo iba a ser cualquier hombre?​
 
A tu cuerpo llegaba la primera luz del día
Isabel
Siempre​
-Entonces yo era un hombre cualquiera-
Y te quedabas en el colchón como zona montañosa
Y dejabas andar a tus pezones como ciervos
-Yo también anduve en ti como un ciervo-
Las hierbas de tu piel se humedecían
Tu cabello regalaba el olor de la tierra joven
Y tus piernas estaban hechas de madera bronceada
Entonces yo era un hombre simple
Como cualquier hombre
Fatigado por el peso de su cruz​
Pero luego abrías los ojos Isabel
Luego sonreías
Luego
¿Cómo iba a ser cualquier hombre?​


Esta joya parece haber sido atesorada por y para la memoria de un amante sabio, longevo de amores y de sensaciones. Por un afortunado pastor de ciervos y de versos.

Excelente trabajo, Hugo. Yo le agrandaría la letra, le quitaría alguna mayúscula en el inicio de cada verso... pero fundamentalmente, me quedaría en sus interioridades y resonancias... disfrutándolas, disfrutándolas.

Un abrazo argentino y porteño.
 
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