Protegiendo mi pequeña parcela de la nada
los días que han menguado hasta hacerse sombras
una foto en blanco y negro que colgada en la pared
nos ha encerrado en el tiempo
un café recalentado que dejé sobre la mesa y se enfrió
esperando tu respuesta;
cada libro de autoayuda que leímos
cada luna que miramos acostados sobre el piso
borrachos por el vino
cada perro callejero que quisimos adoptar,
todos eran un motivo
para seguir sobreviviendo
estos largos inviernos
donde no hay satisfacción
ni en las palabras
ni en el sexo;
la realidad siempre ha sido cruel
por eso preferimos las mentiras
y mientras se nos va la vida, al pasar los días,
no podemos postergar más la decisión,
ni seguir fingiendo el amor eterno que nos prometimos
porque se ha ido
dejándonos relegados al olvido
condenados a soportarnos por la necesidad de no herirnos
tras los muros de esta casa
de barro y piedra
intentando conservar aún
el fuego de un hogar ficticio;
el olor del encierro no se quita fácilmente
ni el desgaste de dos cuerpos se logra mitigar
injertando piel en las heridas
tinte en el pelo
crema en las arrugas
trotando 10K;
cada día vas perdiendo tu color
haciéndote pálida
como un fantasma que deambula silencioso
el alma tiene fecha de caducidad
también nosotros,
somos un pote de cartón
esperando en el exhibidor de un supermercado
mostrando nuestro mejor rostro para que nos lleven
pero una vez consumidos ¿Qué hacemos?
quedamos vacíos y no tenemos
más nada para dar.
los días que han menguado hasta hacerse sombras
una foto en blanco y negro que colgada en la pared
nos ha encerrado en el tiempo
un café recalentado que dejé sobre la mesa y se enfrió
esperando tu respuesta;
cada libro de autoayuda que leímos
cada luna que miramos acostados sobre el piso
borrachos por el vino
cada perro callejero que quisimos adoptar,
todos eran un motivo
para seguir sobreviviendo
estos largos inviernos
donde no hay satisfacción
ni en las palabras
ni en el sexo;
la realidad siempre ha sido cruel
por eso preferimos las mentiras
y mientras se nos va la vida, al pasar los días,
no podemos postergar más la decisión,
ni seguir fingiendo el amor eterno que nos prometimos
porque se ha ido
dejándonos relegados al olvido
condenados a soportarnos por la necesidad de no herirnos
tras los muros de esta casa
de barro y piedra
intentando conservar aún
el fuego de un hogar ficticio;
el olor del encierro no se quita fácilmente
ni el desgaste de dos cuerpos se logra mitigar
injertando piel en las heridas
tinte en el pelo
crema en las arrugas
trotando 10K;
cada día vas perdiendo tu color
haciéndote pálida
como un fantasma que deambula silencioso
el alma tiene fecha de caducidad
también nosotros,
somos un pote de cartón
esperando en el exhibidor de un supermercado
mostrando nuestro mejor rostro para que nos lleven
pero una vez consumidos ¿Qué hacemos?
quedamos vacíos y no tenemos
más nada para dar.