hunnie
Poeta novata, sarcástica y relativamente feliz.
Viajo a Andrómeda efímeramente.
Un tanto se convierte en infinidad.
Cierro los ojos para percibir mi existencia,
me ahogo en los recuerdos de algo fugaz.
Despierto al frente de un reflejo,
escucho a lo cerquita un riachuelo.
Observo en la tranquila marea,
el espejismo mío con carita de pequeña.
Veo en frente, una gran cueva.
Está cubierta de flores y rosas,
frutos crecen afuera de ella,
hasta tiene un bello y exquisito aroma.
Juego felizmente con las mariposas,
salto entre las plantas con alegría sin cesar.
No quiero salir de esta alumbrosa memoria,
sin embargo la cueva me susurra sin parar.
Evito oír su engañosa melodía,
deseo no mirar su cautivadora oscuridad.
Trato de distraerme con otras cosillas,
aparento una falsa animosidad.
Sé que las chiquitas no deberían deambular por esta cueva,
me dijeron que me quede entretenida afuera
en el bonito jardín.
Pero mi curiosidad está hambrienta,
y quiere pasear por allí...
Siguiendo el suave susurrar,
me adentro hipnotizada sin pensar.
El eco de mis pasos disminuye,
así como la luz huye.
De pronto el susurro se convierte en rugido,
una bestia se encuentra escondida.
Me acecha con ojos fundidos,
me fantasea como deliciosa bebida.
Me agarra del cuello,
sin piedad me rasguña,
me coge con duelo,
muerde mi piel con gruña.
La bestia satisfecha se aleja...
Mis piernitas siguen temblando.
Estoy asustada... y confundida,
¿Acaso me ha gustado?
Brillan mis ojos con deleite,
ante los morados de mi piel.
Disfruto mis crudas y salvajes heridas,
saboreo mi sangre como miel.
¿Será que quiero salir de la cueva?
De una extraña manera siento calidez en esta.
¿Será que quiero encontrar de nuevo a la bestia?
De una peculiar forma siento que pertenezco a ella.
Tengo miedo.
Miedo de mí.
Las otras chiquillas no son así.
Compórtate y salte de allí.
Al regresar al pequeño jardín,
Todo comienza a podrirse lentamente.
Los blancos y suaves pétalos se arrugan.
A las coloridas y jugosas frutas le salen verrugas.
Alrededor mío vuelan polillas sin razón,
y un rancio hedor emana de mi corazón.
Abro mis ojillos, he regresado de volar.
Quisiera no recordar..
quisiera olvidar lo que sentí...
Sin embargo, me place ahorcarme en mi memoria...
y me agrada descuartizarme en aquella trágica gloria.
Es un círculo sin fin.
Uno bien deprimente y repulsivo.
Esta chiquilla no para de tener,
un masoquismo emocional compulsivo.
Un tanto se convierte en infinidad.
Cierro los ojos para percibir mi existencia,
me ahogo en los recuerdos de algo fugaz.
Despierto al frente de un reflejo,
escucho a lo cerquita un riachuelo.
Observo en la tranquila marea,
el espejismo mío con carita de pequeña.
Veo en frente, una gran cueva.
Está cubierta de flores y rosas,
frutos crecen afuera de ella,
hasta tiene un bello y exquisito aroma.
Juego felizmente con las mariposas,
salto entre las plantas con alegría sin cesar.
No quiero salir de esta alumbrosa memoria,
sin embargo la cueva me susurra sin parar.
Evito oír su engañosa melodía,
deseo no mirar su cautivadora oscuridad.
Trato de distraerme con otras cosillas,
aparento una falsa animosidad.
Sé que las chiquitas no deberían deambular por esta cueva,
me dijeron que me quede entretenida afuera
en el bonito jardín.
Pero mi curiosidad está hambrienta,
y quiere pasear por allí...
Siguiendo el suave susurrar,
me adentro hipnotizada sin pensar.
El eco de mis pasos disminuye,
así como la luz huye.
De pronto el susurro se convierte en rugido,
una bestia se encuentra escondida.
Me acecha con ojos fundidos,
me fantasea como deliciosa bebida.
Me agarra del cuello,
sin piedad me rasguña,
me coge con duelo,
muerde mi piel con gruña.
La bestia satisfecha se aleja...
Mis piernitas siguen temblando.
Estoy asustada... y confundida,
¿Acaso me ha gustado?
Brillan mis ojos con deleite,
ante los morados de mi piel.
Disfruto mis crudas y salvajes heridas,
saboreo mi sangre como miel.
¿Será que quiero salir de la cueva?
De una extraña manera siento calidez en esta.
¿Será que quiero encontrar de nuevo a la bestia?
De una peculiar forma siento que pertenezco a ella.
Tengo miedo.
Miedo de mí.
Las otras chiquillas no son así.
Compórtate y salte de allí.
Al regresar al pequeño jardín,
Todo comienza a podrirse lentamente.
Los blancos y suaves pétalos se arrugan.
A las coloridas y jugosas frutas le salen verrugas.
Alrededor mío vuelan polillas sin razón,
y un rancio hedor emana de mi corazón.
Abro mis ojillos, he regresado de volar.
Quisiera no recordar..
quisiera olvidar lo que sentí...
Sin embargo, me place ahorcarme en mi memoria...
y me agrada descuartizarme en aquella trágica gloria.
Es un círculo sin fin.
Uno bien deprimente y repulsivo.
Esta chiquilla no para de tener,
un masoquismo emocional compulsivo.