José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
QUINCE DE DICIEMBRE 2020
― ¿Cansado?
― No. Más que eso.
― ¿Desilusionado tal vez?
― No. Más aún.
― No se me ocurre que puede ser.
― Yo ayer tampoco lo sabía,
sentía, que no sentía nada,
notaba, que no notaba nada,
me miraba los bolsillos,
y los llevaba vacíos.
Me miraba los zapatos,
y los tenía rotos.
La bragueta bajada.
La camisa sin botones.
La corbata sin nudo.
La barba sin arreglar, desgreñado,
sucio, mal oliente, vamos,
que un desastre.
Y no, no iba borracho,
eso fue lo más desconcertante.
― ¿Qué no ibas borracho?
― ¡Sí señor, eso fue!
― Sigo sin entender nada
― No pretendo que lo hagas.
Pero te diré algo que acabo de averiguar,
y es, que era libre, sí, no estaba atado
a nada ni a nadie, y me gustaba.
Luego desperté de ese sueño maravilloso.
Y ahora, vuelvo a ser el mismo pelele de siempre.
― ¿Cansado?
― No. Más que eso.
― ¿Desilusionado tal vez?
― No. Más aún.
― No se me ocurre que puede ser.
― Yo ayer tampoco lo sabía,
sentía, que no sentía nada,
notaba, que no notaba nada,
me miraba los bolsillos,
y los llevaba vacíos.
Me miraba los zapatos,
y los tenía rotos.
La bragueta bajada.
La camisa sin botones.
La corbata sin nudo.
La barba sin arreglar, desgreñado,
sucio, mal oliente, vamos,
que un desastre.
Y no, no iba borracho,
eso fue lo más desconcertante.
― ¿Qué no ibas borracho?
― ¡Sí señor, eso fue!
― Sigo sin entender nada
― No pretendo que lo hagas.
Pero te diré algo que acabo de averiguar,
y es, que era libre, sí, no estaba atado
a nada ni a nadie, y me gustaba.
Luego desperté de ese sueño maravilloso.
Y ahora, vuelvo a ser el mismo pelele de siempre.