MARIANNE
MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA
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Cae la noche entre sermones la senda
misteriosamente nos hacía compañía.
Burlados por el tiempo que nos ceñía,
releíamos al pasado en esta enmienda.
No hay quién a las palabras defienda,
sin el perdón con el que siempre reñía,
con un eco del viento que me gruñía,
cuando de algún frío suspiro dependa.
Para cuando el tiempo acabe por releer,
las alegorías que con un tímido beso
se fundieron en el alma podré descreer;
que fue esa la faceta del amor confeso,
que fue insensato, que pude desposeer
de su querer, sin salir él herido o ileso.
Marianne*