16.92.- Causas perdidas.

MARIANNE

MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA
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Todavía resuena la vieja canción
que se hacía eco, entre los huesos.
El ruido masoquista de la ocasión
vestía de dolor impávidos besos.

Aquellos momentos salían ilesos,
después de renunciar a la pasión.
Éramos nada ante esa decepción,
que ostentaban nuestros posesos.

El tiempo tenía la mirada esquiva,
parecía tocar las puertas rígidas
de la soledad que era compasiva;

regia, convaleciente, aguerridas
frustraciones de voz convulsiva,
atesoraban otras causas perdidas.


Marianne*
 
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Todavía resuena la vieja canción
que se hacía eco, entre los huesos.
El ruido masoquista de la ocasión
vestía de dolor impávidos besos.

Aquellos momentos salían ilesos,
después de renunciar a la pasión.
Éramos nada ante esa decepción,
que ostentaban nuestros posesos.

El tiempo tenía la mirada esquiva,
parecía tocar las puertas rígidas
de la soledad que era compasiva;

regia, convaleciente, aguerridas
frustraciones de voz convulsiva,
atesoraban otras causas perdidas.


Marianne*

Excelente composicion. Un placer leerte y que comñartas tus versos amiga Marianne.
Un abrazo
 
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Todavía resuena la vieja canción
que se hacía eco, entre los huesos.
El ruido masoquista de la ocasión
vestía de dolor impávidos besos.

Aquellos momentos salían ilesos,
después de renunciar a la pasión.
Éramos nada ante esa decepción,
que ostentaban nuestros posesos.

El tiempo tenía la mirada esquiva,
parecía tocar las puertas rígidas
de la soledad que era compasiva;

regia, convaleciente, aguerridas
frustraciones de voz convulsiva,
atesoraban otras causas perdidas.


Marianne*
Y pasa querida Marianne, sin embargo, aún en las causas perdidas hay algunas que quedan, se adosan como un eco hasta ya no escucharlas.
Siempre es un gusto leerte
Un abrazo grande
Camelia
 
Por algún motivo las puertas rígidas me vinieron a la vista. Eran enormes, pesadas, herméticas, casi dolorosas.
Estiré la mano para abrirlas y mi mano parecía tener el tamaño de la de un niño comparada a ellas.
No me animé a seguir.


Muá.
 
Éramos nada ante esa decepción,
que ostentaban nuestros posesos.
Bellisimo poema!!! Un sublime canto a la soledad de los recuerdos, enmarcado en un fantástico soneto. ¡Maravillosos versos! Un placer disfrutar de su exquisita poesía, MARIANNE, reciba la más cordial felicitación y saludo.
 
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Todavía resuena la vieja canción
que se hacía eco, entre los huesos.
El ruido masoquista de la ocasión
vestía de dolor impávidos besos.

Aquellos momentos salían ilesos,
después de renunciar a la pasión.
Éramos nada ante esa decepción,
que ostentaban nuestros posesos.

El tiempo tenía la mirada esquiva,
parecía tocar las puertas rígidas
de la soledad que era compasiva;

regia, convaleciente, aguerridas
frustraciones de voz convulsiva,
atesoraban otras causas perdidas.


Marianne*

La misma vieja canción que llama a la puerta de la soledad y que canta el recuerdo.
Mi dulce Marian...hasta escucho tu triste voz.
Besos y abrazos siempre.
 
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Todavía resuena la vieja canción
que se hacía eco, entre los huesos.
El ruido masoquista de la ocasión
vestía de dolor impávidos besos.

Aquellos momentos salían ilesos,
después de renunciar a la pasión.
Éramos nada ante esa decepción,
que ostentaban nuestros posesos.

El tiempo tenía la mirada esquiva,
parecía tocar las puertas rígidas
de la soledad que era compasiva;

regia, convaleciente, aguerridas
frustraciones de voz convulsiva,
atesoraban otras causas perdidas.


Marianne*

... Siempre existirá esa canción que te sacuda el sentir y cada instante vivido, detalle a detalle.
Hay ausencias prolongadas, huellas imborrables y poemas hermosos como este tuyo.
Mil abrazos compatriota mía.
Espero estés bien.
 

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