Almudena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Afilados cristales surcando el íris
de la noche.
Angeles caían entre sus llagas
hacia el tártaro de los perdedores
atormentados por sus pesadillas.
Bellas alas impregnadas de silencio
de desprecio sucio,
de lujúria de marginación.
Y volaban bajo el suelo de la incertidumbre
donde todos duermen arrullados en sus cantos.
Y bebían del nectar de gusanos tejedores de bilis,
olvidando su primera piel
emergiendo a noches de orgasmos frenéticos.
No hay cielo para los diferentes.
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