lapoesiaataca
Poeta recién llegado
Grissel aparentemente tu correo anda mal porque no permite que le entren mensajes, van varios que te mando y los rechaza
Pero esto es lo que estaba escribiendo cuando me olvide que te olvidaste.
Un paso,
un sonido,
un cabello libre
del broche que lo aprisiona,
una imagen que descubre mi ojo,
y cada pregunta que ocupa su lugar,
su espacio,
¿donde estas?
No necesariamente el dolor camine por el mismo lugar que el amor.
Quiero ser claro.
No pretendo que te conmueva,
ni que cambie ningún equilibrio sentimental.
No pretendo
que te mueras por mí,
ni que te arrepientas
de lo que hiciste
si es que hiciste algo.
Lo cierto es que en la vida los disparadores son bastantes variados.
Esto es un disparador.
Solo es digno de la libertad
y de la vida
quien es capaz de conquistarla día a día.
Que dan vestiduras
al mirar y reconocer en ti
algo más valido
que una simple silueta,
un brillo violento,
una aroma,
un perfume,
identidad de tu paso
sobre la vereda,
o la violenta exaltación
de tus valles de mineral y vida,
y eras más,
vos sabes
que siempre dije que eras más,
más que una siesta,
más que la definición rigurosa
de la palabra tibio.
La falta de definición
es en sí mismo
una definición.
Tanto es una definición
que se convierte en más lindo
o más feo
o más cotidiano,
o más humano
diría yo
si decir me es permitido.
No hay ninguna importancia
en la definición
si esta no trae consigo
el brillo de tu ojo,
en esa forma
tan especial
que brillan
cuando pasa algo,
que sabes perfectamente
pero no voy a describir aquí,
cuando se te resecan los labios,
cuando se te forman grietas,
cuando en el horizonte del beso,
nace un rayo de luz guinda.
Por ser tan importante
para mí
la definición
y definirte mía,
entera,
y fundamentalmente tibia,
mi tibio,
mi necesidad de tibio,
y reconocerte
y reconocerme en tu tibieza.
Sé que no me extrañas,
ni añoras mis mimos,
ni mis palabras,
ni mis susurros,
ni esas cosas que solía decir.
Ni mis caricias,
con espíritus de mapas
en tu espalda aromada,
en la piel,
en el pie,
y ese contacto tenue
y ese sonido
tan tuyo
del roce
de piel con piel,
tan característico.
No extrañas que te escuche,
ni que me consultes,
ni me busques para una opinión.
Estar entre ti y un mundo,
es lo único que quiero,
pero no tengo fuerzas para la pelea.
Hablábamos de definir
y definirnos
en nuestros lugares,
para saber
principalmente nuestro lugar,
algo que nos identifique,
que nos llame
por nuestro nombre,
y se nos llenen los ojos
de lágrimas
cuando reconocemos
eso en algún lugar,
en algún momento.
Hace un tiempo
me dijiste
que me querías.
Hace un tiempo
te dije
que te amaba.
Me dijiste
que cuando yo te tocaba
era increíble lo que sentías,
paso el tiempo,
el tiempo siempre pasa,
y se va raudo.
Una vez
después
de intentar amarte,
me dijiste,
esto es una locura,
y te referías
a lo que estabas sintiendo
en ese momento,
a cada una
de las sensaciones
que desplegaba mi mano,
mi piel,
mi labio,
mi ojo,
mi lengua,
sobre tu piel,
sobre la cotidianidad,
una imagen social
de unos sentimientos
arraigados
en los sentidos.
Hace un tiempo
cuando te amaba
me dijiste
que era una locura.
Era una locura
porque cuando me amabas,
cuando querías amar
con todo lo que tuvieras para dar,
pensabas,
y sentías vergüenza de sentir,
no de sentir,
sino porque era que sentías,
y quien te hacia sentir.
Y como
y donde
y en que lugar de que,
era más valido sentir
y hacer sentir
la piel aromada y elegante.
Y no era una locura,
era una foto de la realidad,
una cotidianidad.
Yo sé que no quieres
que este esperando
un reflejo de tus ojos,
pero eso es lo que hago
y no me lo vas a poder quitar.
Sé que piensas que te olvidare.
Sé que piensas que te puedo olvidar.
Se que piensas
en las teorías de la existencia
y la no existencia del amor,
que este sentimiento
como una llama,
si no se alimenta,
se apaga.
Sé que apelas
a la recomposición de la vida,
como un horizonte valido
para que mi ojo
no te busque
detrás de cada sonido
a tus pasos,
unos tacos a las cuatro de la mañana.
Y la imagen de tu pelo
cayendo
en cascada
por la espalda
y el broche
que apenas
puede contener
la libertad de ser bandera,
y las manos
que se aprietan
porque no te reconocen
en esa sombra
que se esconde
allá
en la esquina
más lejana.
El amor.
La felicidad.
Los sentidos.
Los sentimientos.
La sensación de bienestar.
La definición de tibio.
Las ganas de amar
luego de hacerte el amor
y amar nuevamente
y nuevamente
si fuera necesario.
El escribirte
cualquier cosa
y reconocerte
en lo escrito.
Tu mano vistiendo la mesa
con mantel de domingo
y sueños de ravioles.
Esa imagen
tuya
armando la cama,
tendiendo la sabana,
arreglando la almohada,
poniendo la manta
de rayas anchas,
azules.
Cortando las papas para hacer puré.
Haciéndome puré.
Compartiendo la milanesa
en la noche serena,
y el plato de lo que sea.
Lavándome las zapatillas blancas.
Y las discusiones.
Y las reconciliaciones.
Y él llenarte la boca con un beso.
Y sentir que es necesario,
el tiempo mío,
de que te regale
una rosa.
Compartiendo un mate.
Una cerveza.
Una grappa.
Un tiempo,
un estar en tu espacio.
Y hablar de cualquier cosa
y sentirse útil,
saber cual es el lugar de uno
y no querer irse
nunca de allí.
De querer construir un mundo,
nuevo,
único,
más justo,
uno más uno,
pero solo contigo.
Y la luz de tus ojos.
Y el gusto a lo cotidiano.
Y el sentido de complementariedad
que aprendieron
mis manos
al acariciarte,
sin pensar
siquiera en la definición de caricia.
De mirarte cuando lavas el piso.
De lavar los platos.
De compartir
la toalla
con grandes flores
y la pasta de dientes.
El sentirse bien,
solo porque estas allí
respirando,
mirándome,
esperándome.
Y lo más terrible es que eso se queda contigo.
Me falta.
No tengo ya fuerzas.
Por eso te escribo.
Por esto .
Te convierto
en mi tesis
más urgente,
ni en la más grande,
ni la más chica,
solo la mía.
Y que ha quedado.
¿Que me a quedado
entre las manos solas?
En este escrito con ánimo de más.
No pretendo que vengas corriendo a mi lado.
No pretendo que te mueras por mí.
No pretendo nada.
Solo quise que supieras:
podes contar conmigo.
Solo quise que supieras
que no puedo vivir, - si esto es vivir - sino estas aquí.
Solo quise que supieras que estaré,
cuando estar es importante,
y cuando se te haga importante que este.
Solo quise que supieras
que pese a estar en peligro de extinción,
aun navegan mis veleros,
en la mar violenta de tus orígenes
y sueñan a viento y vela,
en la cintura arenosa,
tu cintura
y esa línea mía,
personal e intransferible,
que talle
un buen día
a besos y caricias.
Solo quise que supieras
que me daba cuenta
de cual es el juego
y quienes los jugadores.
Solo quise que supieras.
En este escrito con ánimo a más.
Estaré aquí,
en mi lugar,
para serte útil.
Solo quise que supieras.
P.D. Espero que cuando leas esto, te genere primero algo, y ese algo sea mayor que veinte palabras seguidas. Y que esas veinte palabras seguidas, expresen un sentimiento, y que ese sentimiento se haga imprescindible, incontenible en cada uno de tus sentidos. Y que cada uno de los sentidos me busquen, y que en esa búsqueda y al nombrarme me encuentres como me idealizas, y en esa idea poder serte útil.
Los poetas en peligro de extinción.
Aunque hay una princesa que se olvide.
Los poetas en peligro de extinción vivimos y morimos como humanos, lastima que los humanos, principalmente algunas princesas se olviden tanto de los poetas.
O sea un problema de lógica si los poetas están en extinción y alguna princesa se olvida, humanos ambos, lo importante quizás no sean el olvido, lo importante es el tercero excluido, o solo el olvido....
Pero esto es lo que estaba escribiendo cuando me olvide que te olvidaste.
Un paso,
un sonido,
un cabello libre
del broche que lo aprisiona,
una imagen que descubre mi ojo,
y cada pregunta que ocupa su lugar,
su espacio,
¿donde estas?
No necesariamente el dolor camine por el mismo lugar que el amor.
Quiero ser claro.
No pretendo que te conmueva,
ni que cambie ningún equilibrio sentimental.
No pretendo
que te mueras por mí,
ni que te arrepientas
de lo que hiciste
si es que hiciste algo.
Lo cierto es que en la vida los disparadores son bastantes variados.
Esto es un disparador.
Solo es digno de la libertad
y de la vida
quien es capaz de conquistarla día a día.
Que dan vestiduras
al mirar y reconocer en ti
algo más valido
que una simple silueta,
un brillo violento,
una aroma,
un perfume,
identidad de tu paso
sobre la vereda,
o la violenta exaltación
de tus valles de mineral y vida,
y eras más,
vos sabes
que siempre dije que eras más,
más que una siesta,
más que la definición rigurosa
de la palabra tibio.
La falta de definición
es en sí mismo
una definición.
Tanto es una definición
que se convierte en más lindo
o más feo
o más cotidiano,
o más humano
diría yo
si decir me es permitido.
No hay ninguna importancia
en la definición
si esta no trae consigo
el brillo de tu ojo,
en esa forma
tan especial
que brillan
cuando pasa algo,
que sabes perfectamente
pero no voy a describir aquí,
cuando se te resecan los labios,
cuando se te forman grietas,
cuando en el horizonte del beso,
nace un rayo de luz guinda.
Por ser tan importante
para mí
la definición
y definirte mía,
entera,
y fundamentalmente tibia,
mi tibio,
mi necesidad de tibio,
y reconocerte
y reconocerme en tu tibieza.
Sé que no me extrañas,
ni añoras mis mimos,
ni mis palabras,
ni mis susurros,
ni esas cosas que solía decir.
Ni mis caricias,
con espíritus de mapas
en tu espalda aromada,
en la piel,
en el pie,
y ese contacto tenue
y ese sonido
tan tuyo
del roce
de piel con piel,
tan característico.
No extrañas que te escuche,
ni que me consultes,
ni me busques para una opinión.
Estar entre ti y un mundo,
es lo único que quiero,
pero no tengo fuerzas para la pelea.
Hablábamos de definir
y definirnos
en nuestros lugares,
para saber
principalmente nuestro lugar,
algo que nos identifique,
que nos llame
por nuestro nombre,
y se nos llenen los ojos
de lágrimas
cuando reconocemos
eso en algún lugar,
en algún momento.
Hace un tiempo
me dijiste
que me querías.
Hace un tiempo
te dije
que te amaba.
Me dijiste
que cuando yo te tocaba
era increíble lo que sentías,
paso el tiempo,
el tiempo siempre pasa,
y se va raudo.
Una vez
después
de intentar amarte,
me dijiste,
esto es una locura,
y te referías
a lo que estabas sintiendo
en ese momento,
a cada una
de las sensaciones
que desplegaba mi mano,
mi piel,
mi labio,
mi ojo,
mi lengua,
sobre tu piel,
sobre la cotidianidad,
una imagen social
de unos sentimientos
arraigados
en los sentidos.
Hace un tiempo
cuando te amaba
me dijiste
que era una locura.
Era una locura
porque cuando me amabas,
cuando querías amar
con todo lo que tuvieras para dar,
pensabas,
y sentías vergüenza de sentir,
no de sentir,
sino porque era que sentías,
y quien te hacia sentir.
Y como
y donde
y en que lugar de que,
era más valido sentir
y hacer sentir
la piel aromada y elegante.
Y no era una locura,
era una foto de la realidad,
una cotidianidad.
Yo sé que no quieres
que este esperando
un reflejo de tus ojos,
pero eso es lo que hago
y no me lo vas a poder quitar.
Sé que piensas que te olvidare.
Sé que piensas que te puedo olvidar.
Se que piensas
en las teorías de la existencia
y la no existencia del amor,
que este sentimiento
como una llama,
si no se alimenta,
se apaga.
Sé que apelas
a la recomposición de la vida,
como un horizonte valido
para que mi ojo
no te busque
detrás de cada sonido
a tus pasos,
unos tacos a las cuatro de la mañana.
Y la imagen de tu pelo
cayendo
en cascada
por la espalda
y el broche
que apenas
puede contener
la libertad de ser bandera,
y las manos
que se aprietan
porque no te reconocen
en esa sombra
que se esconde
allá
en la esquina
más lejana.
El amor.
La felicidad.
Los sentidos.
Los sentimientos.
La sensación de bienestar.
La definición de tibio.
Las ganas de amar
luego de hacerte el amor
y amar nuevamente
y nuevamente
si fuera necesario.
El escribirte
cualquier cosa
y reconocerte
en lo escrito.
Tu mano vistiendo la mesa
con mantel de domingo
y sueños de ravioles.
Esa imagen
tuya
armando la cama,
tendiendo la sabana,
arreglando la almohada,
poniendo la manta
de rayas anchas,
azules.
Cortando las papas para hacer puré.
Haciéndome puré.
Compartiendo la milanesa
en la noche serena,
y el plato de lo que sea.
Lavándome las zapatillas blancas.
Y las discusiones.
Y las reconciliaciones.
Y él llenarte la boca con un beso.
Y sentir que es necesario,
el tiempo mío,
de que te regale
una rosa.
Compartiendo un mate.
Una cerveza.
Una grappa.
Un tiempo,
un estar en tu espacio.
Y hablar de cualquier cosa
y sentirse útil,
saber cual es el lugar de uno
y no querer irse
nunca de allí.
De querer construir un mundo,
nuevo,
único,
más justo,
uno más uno,
pero solo contigo.
Y la luz de tus ojos.
Y el gusto a lo cotidiano.
Y el sentido de complementariedad
que aprendieron
mis manos
al acariciarte,
sin pensar
siquiera en la definición de caricia.
De mirarte cuando lavas el piso.
De lavar los platos.
De compartir
la toalla
con grandes flores
y la pasta de dientes.
El sentirse bien,
solo porque estas allí
respirando,
mirándome,
esperándome.
Y lo más terrible es que eso se queda contigo.
Me falta.
No tengo ya fuerzas.
Por eso te escribo.
Por esto .
Te convierto
en mi tesis
más urgente,
ni en la más grande,
ni la más chica,
solo la mía.
Y que ha quedado.
¿Que me a quedado
entre las manos solas?
En este escrito con ánimo de más.
No pretendo que vengas corriendo a mi lado.
No pretendo que te mueras por mí.
No pretendo nada.
Solo quise que supieras:
podes contar conmigo.
Solo quise que supieras
que no puedo vivir, - si esto es vivir - sino estas aquí.
Solo quise que supieras que estaré,
cuando estar es importante,
y cuando se te haga importante que este.
Solo quise que supieras
que pese a estar en peligro de extinción,
aun navegan mis veleros,
en la mar violenta de tus orígenes
y sueñan a viento y vela,
en la cintura arenosa,
tu cintura
y esa línea mía,
personal e intransferible,
que talle
un buen día
a besos y caricias.
Solo quise que supieras
que me daba cuenta
de cual es el juego
y quienes los jugadores.
Solo quise que supieras.
En este escrito con ánimo a más.
Estaré aquí,
en mi lugar,
para serte útil.
Solo quise que supieras.
P.D. Espero que cuando leas esto, te genere primero algo, y ese algo sea mayor que veinte palabras seguidas. Y que esas veinte palabras seguidas, expresen un sentimiento, y que ese sentimiento se haga imprescindible, incontenible en cada uno de tus sentidos. Y que cada uno de los sentidos me busquen, y que en esa búsqueda y al nombrarme me encuentres como me idealizas, y en esa idea poder serte útil.
Los poetas en peligro de extinción.
Aunque hay una princesa que se olvide.
Los poetas en peligro de extinción vivimos y morimos como humanos, lastima que los humanos, principalmente algunas princesas se olviden tanto de los poetas.
O sea un problema de lógica si los poetas están en extinción y alguna princesa se olvida, humanos ambos, lo importante quizás no sean el olvido, lo importante es el tercero excluido, o solo el olvido....