Évano
Libre, sin dioses.
.
Por guardar amor en cueva
me llamaron soledad.
El amor jamás se guarda
dentro de ninguna caverna;
y no hay puerta que valga
con ceniza en el umbral.
La luna ya no es poeta,
ni puerta de cielo alguno,
más sería del averno,
con cenizas en la puerta.
Por pisarla hombre corriente
somos seres de cavernas.
Si hubiera pisado Lorca,
esas cenizas de pólvora
serían de plata fina,
o risas de porcelana,
cuerpo de la amada muerta,
o senda de los gitanos;
camino de la ignorancia,
o su alma derramada;
lágrimas de niños pobres
o su sexo incomprendido.
El umbral de los infiernos,
en los años sesenta,
recibió a hombre corriente.
Desde entonces los poetas
perdimos a nuestra luna.
Yace Federico en Tierra,
la luna marchó de versos,
quedándose con la pólvora
de la poesía viva.
Quedan letras de caverna,
cavernícola escribiendo
para asegurar comida
a su cuerpo sin lamentos.
Vacías quedan las almas,
el amor en las cavernas.
Por guardar amor en cueva
me llamaron soledad.
El amor jamás se guarda
dentro de ninguna caverna;
y no hay puerta que valga
con ceniza en el umbral.
La luna ya no es poeta,
ni puerta de cielo alguno,
más sería del averno,
con cenizas en la puerta.
Por pisarla hombre corriente
somos seres de cavernas.
Si hubiera pisado Lorca,
esas cenizas de pólvora
serían de plata fina,
o risas de porcelana,
cuerpo de la amada muerta,
o senda de los gitanos;
camino de la ignorancia,
o su alma derramada;
lágrimas de niños pobres
o su sexo incomprendido.
El umbral de los infiernos,
en los años sesenta,
recibió a hombre corriente.
Desde entonces los poetas
perdimos a nuestra luna.
Yace Federico en Tierra,
la luna marchó de versos,
quedándose con la pólvora
de la poesía viva.
Quedan letras de caverna,
cavernícola escribiendo
para asegurar comida
a su cuerpo sin lamentos.
Vacías quedan las almas,
el amor en las cavernas.
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