2 - Dos granos de maíz (prosa)

Lourdes C

POETISA DEL AMOR
2 - Dos Granos De Maíz (prosa)

Dos granos de maíz a cada paso que doy, son los que tiro en la tierra húmeda. Mi padre va delante abriendo el surco con el arado al que van jalando un par de bueyes. Es un vaivén de vueltas desde una orilla del barbecho, hasta la otra, durante todo el día.

– ¿Ya es hora de comer?- le pregunto a mi padre. Él se pone una mano sobre los ojos y mira hacia el sol. –Ya mero- me dice el mientras continúa abriendo un nuevo surco. Me desconsuelo pues ya mi estomago me pide a gritos algo de alimento.

Mis pies están cansados de tanto caminar por los surcos sembrando el maíz en la primera vuelta y cuando mi padre va cerrando el surco, yo voy delante poniendo un puñado de fertilizante a un lado de los granos de maíz que había puesto antes. –Ten cuidado de no poner el fertilizante sobre el maíz para que no lo queme. Si se lo echas encima ya no nace la planta- me advirtió mi padre cuando empezamos a sembrar, hace ya varios días.

Le hago la misma pregunta a mi padre varias veces y su reacción es la misma. Mira al cielo poniéndose la mano sobre los ojos. Yo espero con ansia que su respuesta sea afirmativa. Mi tristeza es grande cuando escucho su respuesta. De pronto, cuando ya casi pierdo la esperanza, él me dice que ya es hora de comer. Suelto el morral donde llevo el maíz, mientras una sonrisa se dibuja en mi rostro.

Mi padre me pide que lo ayude a traer algunas ramas de árbol que estén secas. Ponemos la leña en un montón, todos los trozos de árbol acomodados. Mi padre les prende fuego. Para que el fuego prenda más rápido pone unos olotes, estos son la parte que la mazorca de maíz tiene en medio. Siempre que desgranamos el maíz mi padre guarda los olotes pues servirán para prender el fuego en el campo o enla chimenea en casa. Me doy cuenta que mi padre tiene razón en guardarlos, pues los olotes prenden mas rápido que los leños secos.

Ya cuando el fuego está listo mi padre pone a calentar la comida. Todo lo que mi madre nos ha puesto para comer huele delicioso. Unos tacos de papa con chorizo, otros con carne y salsa picante. Unas gorditas de masa de maíz rellenas con calabacitas picadas, a las que agrega jitomate, cebolla, y unos chiles serranos, todo esto finamente picado, también orégano, y queso fresco. Yo no puedo esperar para comer. Los olores que salen de la comida mientras se calienta me avivan el apetito.

Ya por la tarde cuando el sol está a punto de ocultarse detrás de los cerros, mi padre y yo volvemos a casa. Mi papa va montado en un caballo y yo voy en burro. Soy pequeña aún y es peligroso ir en un caballo que me podría tirar al piso según dijo mi padre. No me importa, el borrico es amable y me lleva de vuelta casa.

Me gusta ver los arboles que hay a nuestro paso, los cercos de piedras milenarias con diferentes colores, las ardillas que corren al vernos pasar, y los pájaros que vuelan de un árbol al otro. Por el camino vemos pasar en sentido contrario a otros campesinos que van de regreso a casa. Ellos nos saludan quitándose el sombrero. Algunos se detienen a platicar con mi padre. Pronto siguen su camino pues ni ellos ni nosotros queremos que se nos haga de noche antes de llegar a casa.

Por la noche después de darme un baño y de comer lo que mi madre nos ha preparado para cenar, me voy a la cama. La noche se me hace corta. Por la mañana despierto, quisiera seguir durmiendo, no puedo, soy la hija mayor y debo ayudar a mi padre a sembrar el maíz. Lo bueno es, pienso yo, que a la hora de la comida, podré comer las cosas tan deliciosas que mi madre nos ha preparado.

Con ese pensamiento me preparo para empezar un nuevo día. Sé que durante todo el día, será un ir y venir ayudando a mi padre a sembrar dos granos de maíz a cada paso que doy, en el surco que el abre y un puñado de fertilizante al lado del maíz, cuando va cerrando el surco con el arado, al que van jalando el par de bueyes.

Lou C
Noviembre 04, 2012
 
Última edición:
Me robaste toda la atención, fue como ir a tu lado aventando el puño de maíz, alguna vez vi a mi abuelo sembrar maíz... yo era pequeña solo podía observar... y también saboree con el un rico lonche que mi abuela le enviaba, que tiempos me has hecho rememorar, kisses bella, escribes muy bien prosa.
 
Dos Granos De Maíz

Dos granos de maíz a cada paso que doy, son los que tiro en la tierra húmeda. Mi padre va delante abriendo el surco con el arado al que van jalando un par de bueyes. Es un vaivén de vueltas desde una orilla del barbecho, hasta la otra, durante todo el día.

– ¿Ya es hora de comer?- le pregunto a mi padre. Él se pone una mano sobre los ojos y mira hacia el sol. –Ya mero- me dice el mientras continúa abriendo un nuevo surco. Me desconsuelo pues ya mi estomago me pide a gritos algo de alimento.

Mis pies están cansados de tanto caminar por los surcos sembrando el maíz en la primera vuelta y cuando mi padre va cerrando el surco, yo voy delante poniendo un puñado de fertilizante a un lado de los granos de maíz que había puesto antes. –Ten cuidado de no poner el fertilizante sobre el maíz para que no lo queme. Si se lo echas encima ya no nace la planta- me advirtió mi padre cuando empezamos a sembrar, hace ya varios días.

Le hago la misma pregunta a mi padre varias veces y su reacción es la misma. Mira al cielo poniéndose la mano sobre los ojos. Yo espero con ansia que su respuesta sea afirmativa. Mi tristeza es grande cuando escucho su respuesta. De pronto, cuando ya casi pierdo la esperanza, él me dice que ya es hora de comer. Suelto el morral donde llevo el maíz, mientras una sonrisa se dibuja en mi rostro.

Mi padre me pide que lo ayude a traer algunas ramas de árbol que estén secas. Ponemos la leña en un montón, todos los trozos de árbol acomodados. Mi padre les prende fuego. Para que el fuego prenda más rápido pone unos olotes, estos son la parte que la mazorca de maíz tiene en medio. Siempre que desgranamos el maíz mi padre guarda los olotes pues servirán para prender el fuego en el campo o enla chimenea en casa. Me doy cuenta que mi padre tiene razón en guardarlos, pueslos olotes prenden mas rápido que los leños secos.

Ya cuando el fuego está listo mi padre pone a calentar la comida. Todo lo que mi madre nos ha puesto para comer huele delicioso. Unos tacos de papa con chorizo, otros con carne y salsa picante. Unas gorditas de masa de maíz rellenas con calabacitas picadas, a las que agrega jitomate, cebolla, y unos chiles serranos, todo esto finamente picado, también orégano, y queso fresco. Yo no puedo esperar para comer. Los olores que salen de la comida mientras se calienta me avivan el apetito.

Ya por la tarde cuando el sol está a punto de ocultarse detrás de los cerros, mi padre y yo volvemos a casa. Mi papa va montado en un caballo y yo voy en burro. Soy pequeña aún y es peligroso ir en un caballo que me podría tirar al piso según dijo mi padre. No me importa, el borrico es amable y me lleva de vuelta casa.

Me gusta ver los arboles que hay a nuestro paso, los cercos de piedras milenarias con diferentes colores, las ardillas que corren al vernos pasar, y los pájaros que vuelan de un árbol al otro. Por el camino vemos pasar en sentido contrario a otros campesinos que van de regreso a casa. Ellos nos saludan quitándose el sombrero. Algunos se detienen a platicar con mi padre. Pronto siguen su camino pues ni ellos ni nosotros queremos que se nos haga de noche antes de llegar a casa.

Por la noche después de darme un baño y de comer lo que mi madre nos ha preparado para cenar, me voy a la cama. La noche se me hace corta. Por la mañana despierto, quisiera seguir durmiendo, no puedo, soy la hija mayor y debo ayudar a mi padre a sembrar el maíz. Lo bueno es, pienso yo, que a la hora de la comida, podré comer las cosas tan deliciosas que mi madre nos ha preparado.

Con ese pensamiento me preparo para empezar un nuevo día. Sé que durante todo el día, será un ir y venir ayudando a mi padre a sembrar dos granos de maíz a cada paso que doy, en el surco que el abre y un puñado de fertilizante al lado del maíz, cuando va cerrando el surco con el arado, al que van jalando el par de bueyes.

Lou C
Noviembre 04, 2012




Qué bella escena mi querida Lou, muy poética y dulcemente tierna, felicidades por esta hermosa prosa que hoy nos regalas, abrazos y estrellitas todas para ti.
 
Perfecta narración amiga Lou. Tienes talento para narrar cosas. Tus mismos poemas son como narraciones. Te felicito y te doy todas mis estrellas. Saludos.
 
Hola mi querida amiga Lou, me ha parecido delicioso tu relato, conciso, más que claro diáfano, muy fácil de comprender
precisamente por la claridad con que está escrito. Me he visto a mí mismo tirando de ese arado, sembrando el maíz, poniendo ese fertilizante. Es un escrito muy hermoso, un bello canto a ese trabajo humilde de los campesinos que apenas tienen
para comer si la lluvia no cae a tiempo o el año es seco. Un beso.
 
A mi también me tocó ser sembrador amiga, dos, tres, dos, tres, eran los granos de maíz que soltaba a cada paso en el surco que iba abriendo mi padre con el arado de reja jalado por dos bestias (caballos) que estaban domesticadas para eso, y esa hora de la comida, ¡que momento! tacos doblados calentados en las brazas de un fogata hecha para la ocasión, bello relato que me ha traído recuerdos y me es fácil imaginarte pues lo viví, un abrazo y gracias por compartir tan bellos recuerdos.. estrellas y reputación para tu prosa...
 
Una muy buena narración de la vida cotidiana del campesino, del campo que nos brinda el alimento, el campo es bello el arado casi historia y soñar en el paisaje un canto de gloria.
Saludos Felinos
 
Dos granos de maíz y una niña que sueña con parar a comer y de eso se trata ser feliz cuando no tienes donde elegir, jejeje.
Hoy día, ya cuesta ver más esa imagen, al menos por aquí.
Un placer leer tu enseñanza.
Besos
 

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