Lourdes C
POETISA DEL AMOR
28 LA MUJER DEL TREN
Una persona vale por lo que lleva dentro, sin importar la vestimenta, o si la persona es ciega, no escucha, no habla, no camina y si no tiene piel. A pesar de todo eso, es un ser humano que siente, ama, odia y sufre como cualquiera. La sangre es la misma y el espíritu también. El alma no se viste de oro ni plata ni se baña con los colores del arcoíris, ni las estrellas del cielo, de los rayos del sol o la luna. Es igual en pobres y ricos.
-Está muy enfermo mi esposo- -me dijo la mujer del tren. Iba sentada frente a mí.
-Le están haciendo diálisis en el hospital donde está internado. Sus dos piernas le fueron amputadas y se quedó totalmente ciego hace 15 años- -continuó ella. Parecía de edad media. Su pelo lucia completamente gris. La expresión en su rostro no me decía mucho. Se veía cansada, quizá por no haber dormido en toda la noche y no haber desayunado. Me dijo que iba a recoger a su hija para que fuera al ver a su padre al hospital, mientras ella se ponía a vender dulces en la estación del tren y así conseguir algo de dinero para comer. Según me dijo, ese era su único modo de sustento.
Como autómata mi mano se introdujo en mi bolso y saqué los únicos billetes que había dentro. ¿Le molesta si le doy este dinero? No es mucho pero quizá le sirva de algo. Lo tomó y me dio las gracias. Dijo que ojalá nos encontráramos otro día para pagarme. Le dije que no había necesidad. Me bendijo y dijo que deseaba que mi dinero se multiplicara. Se estremeció mi alma. Ese hombre en el hospital no puede caminar y está completamente ciego. Su imagen apareció en mi mente. Mi rostro se humedeció. -La vida es tan injusta- -Pensé
Lourdes C
Enero 29, 2014