Armador de Sonetos
Poeta que considera el portal su segunda casa
297. La luna está triste.
La luna baña en nácar a la aldea
con lágrimas, destellos de sus ojos
a gente campirana que en hinojos
terminan a destiempo su tarea.
Los niños la convidan cuando humea
el fuego que consume los abrojos
y vuelan las pavesas en manojos
buscando si la luna coquetea.
Ahora en la metrópolis de adorno
reluce por las noches con mesura
la grácil variedad de su contorno
en pos de cautivar con donosura.
Percibo su sufrir y su bochorno
al ver que la ciudad no la procura.
El Armador de Sonetos.