edelabarra
Mod. Enseñante. Mod. foro: Una imagen, un poema
Los estilos literarios.
Fray Luis de León
(n. en Belmonte de Tajo, 1527 - m. en Ávila,1591).
En la segunda mitad del siglo XVI, la poesía lírica clásica española, llegó a su apogeo, con la escuela Salamantina y sevillana.
El gran maestro de la Escuela de Salamanca fue el agustino Fray Luis de León, eminente humanista, catedrático de la Universidad del mismo nombre, preso durante 5 años por la Inquisición, por haber traducido de su lengua original “El Cantar de los Cantares”, acusado por sus enemigos de herejía; fue reivindicado, declarado inocente y llegó al grado de Provincial de Castilla.
Al salir de la cárcel, escribe esta inolvidable décima:
AL SALIR DE LA CÁRCEL
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con solo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.
Volvió a su cátedra de Teología, comenzando su clase con su famosa frase: “Como decíamos ayer…”
La poesía fue para él, una ocupación menor, como él mismo dice:
“Entre las ocupaciones de mis estudios, se me cayeron de entre las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que por juicio o voluntad…
Por esta causa nunca hice caso de esto que compuse, ni gasté en ello más tiempo del que tomaba para olvidarme de ortos trabajos.”
Con esta sencillez, nos muestra una de las obras más notables de la poesía española, en la quese destacan canciones compuestas en la estrofa “lira”, elevándola a su suprema expresión estética.
Su estilo, simple, escueto, de cadencia suave y purísimo lenguaje,
es considerado la maxima expresión del lirismo estético, por sus bellos poemas bucólicos, llenos de conceptos morales y educativos.
Dominaba a la perfección, el griego, el hebreo, latín, caldeo, asirio, italiano y francés
Fue llamado “El príncipe de los poetas líricos”
Son célebres sus seis Odas:
VIDA RETIRADA (liras)
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal rüido,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
su lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado?
¿si en busca deste viento
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?
¡Oh monte, oh fuente, oh río,
oh secreto seguro deleitoso!
Roto casi el navío
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre, quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas sin testigo,
libre de amor de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido:
los árboles menea
con un manso rüido,
que del oro y del cetro pone olvido.
Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el Cierzo y el Abregó porfían.
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
A la sombra tendido,
de hiedra y luto eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce acordado
del plectro sabiamente meneado.
A Francisco Salinas, Noche serena:
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada
por vuestra sabia mano gobernada.
A cuyo son divino
el alma que en olvido está sumida
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.
Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora:
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.
Traspaso el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.
Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta,
y entre ambas a porfía
se mezcla una dulcísima harmonía.
Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega,
que ningún accidente
estraño o peregrino oye o siente.
¡Oh desmayo dichoso!
¡oh muerte que das vida! ¡oh dulce olvido!
durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás aqueste bajo y vil sentido.
A este bien os llamo,
gloria del Apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro,
que todo lo visible es triste lloro.
¡Oh! suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos.
A Felipe Ruiz:
En vano el mar fatiga
la vela portuguesa; que ni el seno
de Persia, ni la amiga
Maluca da árbol bueno
que pueda hacer un ánimo sereno.
No da reposo al pecho,
Felipe, ni la India, ni la rara
esmeralda provecho;
que más tuerce la cara
cuanto posee más el alma avara.
Al Capitán Romano
la vida y no la sed quitó el bebido
tesoro persiano;
y Tántalo, metido
en medio de las aguas, afligido
de sed está; y más dura
la suerte es del mezquino, que sin tasa
se cansa ansí, y endura
el oro, y la mar pasa
osado, y no osa abrir la mano escasa.
¿Qué vale el no tocado
tesoro, si corrompe el dulce sueño,
si estrecha el ñudo dado,
si más enturbia el ceño
y deja en la riqueza pobre al dueño?
PROFECÍA DEL TAJO
Folgaba el rey Rodrigo
con la hermosa Caba en la ribera
del Tajo sin testigo;
el río sacó fuera
el pecho, y le habló desta manera:
"En mal punto de goces,
injusto forzador; que ya el sonido
y oyo ya las voces,
las armas y el bramido
de Marte, y de furor y ardor ceñido.
¡Ay! esa tu alegría
qué llantos acarrea; y esa hermosa,
que vió el sol en mal día,
a España ¡ay! ¡cuán llorosa,
y al cetro de los godos cuán costosa!
Llamas, dolores, guerras,
muertes, asolamientos, fieros males
entre tus brazos cierras,
trabajos inmortales
a ti y a tus vasallos naturales.
A los que en Constantina
rompen el fértil suelo, a los que baña
el Ebro, a la vecina
Sansueña, a Lusitaña,
a toda la espaciosa y triste España.
Ya dende Cádiz llama
el injuriado Conde, a la venganza
atento y no a la fama,
la bárbara pujanza
en quien para tu daño no hay tardanza.
Oye que al cielo toca
con temeroso son la trompa fiera
que en África convoca
el Moro a la bandera,
que al aire desplegada va ligera.
La lanza ya blandea
el Árabe cruel, y hiere el viento
llamando a la pelea;
innumerable cuento
de escuadras juntas veo en un momento.
Cubre la gente el suelo,
debajo de las velas desaparece
la mar, la voz al cielo
confusa y varia crece,
el polvo roba el día y le escurece.
¡Ay! que ya presurosos
suben las largas naves; ¡ay! que tienden
los brazos vigorosos
a los remos, y encienden
las mares espumosas por do hienden.
El Eolo derecho
hinche la vela en popa, y larga entrada
por el Hercúleo estrecho
con la punta acerada
el gran padre Neptuno da a la armada.
¡Ay triste! ¿y aun te tiene
el mal dulce regazo? ¿ni llamado
al mal que sobreviene
no acorres? ¿ocupado
no ves ya el puerto a Hércules sagrado?
Acude, corre, vuela,
traspasa el alta sierra, ocupa el llano,
no perdones la espuela,
no des paz a la mano,
menea fulminando el hierro insano.
¡Ay! ¡cuánto de fatiga!
¡ay! ¡cuánto de sudor está presente
al que viste loriga,
al infame valiente,
a hombres y a caballos juntamente!
¡Y tú, Betis divino,
de sangre ajena y tuya amancillado
darás al mar vecino
cuánto yelmo quebrado,
cuánto cuerpo de nobles destrozado!
El furibundo Marte
cinco luces las haces desordena
igual a cada parte;
la sesta ¡ay! te condena,
¡oh cara patria! a bárbara cadena".
Su obra, la publicó por primera vez en 1631 otro grande de las letras españolas, Francisco de Quevedo y Villegas.
Muchas gracias por su atención;
edelabarra.
Fray Luis de León
(n. en Belmonte de Tajo, 1527 - m. en Ávila,1591).
En la segunda mitad del siglo XVI, la poesía lírica clásica española, llegó a su apogeo, con la escuela Salamantina y sevillana.
El gran maestro de la Escuela de Salamanca fue el agustino Fray Luis de León, eminente humanista, catedrático de la Universidad del mismo nombre, preso durante 5 años por la Inquisición, por haber traducido de su lengua original “El Cantar de los Cantares”, acusado por sus enemigos de herejía; fue reivindicado, declarado inocente y llegó al grado de Provincial de Castilla.
Al salir de la cárcel, escribe esta inolvidable décima:
AL SALIR DE LA CÁRCEL
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con solo Dios se compasa,
y a solas su vida pasa
ni envidiado ni envidioso.
Volvió a su cátedra de Teología, comenzando su clase con su famosa frase: “Como decíamos ayer…”
La poesía fue para él, una ocupación menor, como él mismo dice:
“Entre las ocupaciones de mis estudios, se me cayeron de entre las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que por juicio o voluntad…
Por esta causa nunca hice caso de esto que compuse, ni gasté en ello más tiempo del que tomaba para olvidarme de ortos trabajos.”
Con esta sencillez, nos muestra una de las obras más notables de la poesía española, en la quese destacan canciones compuestas en la estrofa “lira”, elevándola a su suprema expresión estética.
Su estilo, simple, escueto, de cadencia suave y purísimo lenguaje,
es considerado la maxima expresión del lirismo estético, por sus bellos poemas bucólicos, llenos de conceptos morales y educativos.
Dominaba a la perfección, el griego, el hebreo, latín, caldeo, asirio, italiano y francés
Fue llamado “El príncipe de los poetas líricos”
Son célebres sus seis Odas:
VIDA RETIRADA (liras)
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal rüido,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!
Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspes sustentado.
No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
su lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado?
¿si en busca deste viento
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?
¡Oh monte, oh fuente, oh río,
oh secreto seguro deleitoso!
Roto casi el navío
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre, quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas sin testigo,
libre de amor de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.
Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.
Y luego sosegada
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido:
los árboles menea
con un manso rüido,
que del oro y del cetro pone olvido.
Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el Cierzo y el Abregó porfían.
La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.
A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-
mente se están los otros abrasando
con sed insaciable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.
A la sombra tendido,
de hiedra y luto eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce acordado
del plectro sabiamente meneado.
A Francisco Salinas, Noche serena:
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada
por vuestra sabia mano gobernada.
A cuyo son divino
el alma que en olvido está sumida
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.
Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora:
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.
Traspaso el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.
Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta,
y entre ambas a porfía
se mezcla una dulcísima harmonía.
Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega,
que ningún accidente
estraño o peregrino oye o siente.
¡Oh desmayo dichoso!
¡oh muerte que das vida! ¡oh dulce olvido!
durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás aqueste bajo y vil sentido.
A este bien os llamo,
gloria del Apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro,
que todo lo visible es triste lloro.
¡Oh! suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos.
A Felipe Ruiz:
En vano el mar fatiga
la vela portuguesa; que ni el seno
de Persia, ni la amiga
Maluca da árbol bueno
que pueda hacer un ánimo sereno.
No da reposo al pecho,
Felipe, ni la India, ni la rara
esmeralda provecho;
que más tuerce la cara
cuanto posee más el alma avara.
Al Capitán Romano
la vida y no la sed quitó el bebido
tesoro persiano;
y Tántalo, metido
en medio de las aguas, afligido
de sed está; y más dura
la suerte es del mezquino, que sin tasa
se cansa ansí, y endura
el oro, y la mar pasa
osado, y no osa abrir la mano escasa.
¿Qué vale el no tocado
tesoro, si corrompe el dulce sueño,
si estrecha el ñudo dado,
si más enturbia el ceño
y deja en la riqueza pobre al dueño?
PROFECÍA DEL TAJO
Folgaba el rey Rodrigo
con la hermosa Caba en la ribera
del Tajo sin testigo;
el río sacó fuera
el pecho, y le habló desta manera:
"En mal punto de goces,
injusto forzador; que ya el sonido
y oyo ya las voces,
las armas y el bramido
de Marte, y de furor y ardor ceñido.
¡Ay! esa tu alegría
qué llantos acarrea; y esa hermosa,
que vió el sol en mal día,
a España ¡ay! ¡cuán llorosa,
y al cetro de los godos cuán costosa!
Llamas, dolores, guerras,
muertes, asolamientos, fieros males
entre tus brazos cierras,
trabajos inmortales
a ti y a tus vasallos naturales.
A los que en Constantina
rompen el fértil suelo, a los que baña
el Ebro, a la vecina
Sansueña, a Lusitaña,
a toda la espaciosa y triste España.
Ya dende Cádiz llama
el injuriado Conde, a la venganza
atento y no a la fama,
la bárbara pujanza
en quien para tu daño no hay tardanza.
Oye que al cielo toca
con temeroso son la trompa fiera
que en África convoca
el Moro a la bandera,
que al aire desplegada va ligera.
La lanza ya blandea
el Árabe cruel, y hiere el viento
llamando a la pelea;
innumerable cuento
de escuadras juntas veo en un momento.
Cubre la gente el suelo,
debajo de las velas desaparece
la mar, la voz al cielo
confusa y varia crece,
el polvo roba el día y le escurece.
¡Ay! que ya presurosos
suben las largas naves; ¡ay! que tienden
los brazos vigorosos
a los remos, y encienden
las mares espumosas por do hienden.
El Eolo derecho
hinche la vela en popa, y larga entrada
por el Hercúleo estrecho
con la punta acerada
el gran padre Neptuno da a la armada.
¡Ay triste! ¿y aun te tiene
el mal dulce regazo? ¿ni llamado
al mal que sobreviene
no acorres? ¿ocupado
no ves ya el puerto a Hércules sagrado?
Acude, corre, vuela,
traspasa el alta sierra, ocupa el llano,
no perdones la espuela,
no des paz a la mano,
menea fulminando el hierro insano.
¡Ay! ¡cuánto de fatiga!
¡ay! ¡cuánto de sudor está presente
al que viste loriga,
al infame valiente,
a hombres y a caballos juntamente!
¡Y tú, Betis divino,
de sangre ajena y tuya amancillado
darás al mar vecino
cuánto yelmo quebrado,
cuánto cuerpo de nobles destrozado!
El furibundo Marte
cinco luces las haces desordena
igual a cada parte;
la sesta ¡ay! te condena,
¡oh cara patria! a bárbara cadena".
Su obra, la publicó por primera vez en 1631 otro grande de las letras españolas, Francisco de Quevedo y Villegas.
Muchas gracias por su atención;
edelabarra.
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