Quirino Vallejo
Poeta recién llegado
https://rimasymeriendas.wordpress.com/
Me ha despertado el ruido de la puerta.
No sé durante cuánto tiempo he dormido;
soñaba que mi madre me acariciaba
y me llevaba de la mano hacia delante,
me hablaba con ternura.
Creo que por un momento me he sentido bien;
no sé, no estoy seguro, no me acuerdo.
La tristeza me ha elegido para hacer su oficio,
la tristeza huele a humedad y a miedo.
Vivo en un calendario
donde ayer es igual que hoy,
y mañana es igual que ayer.
¿Cómo se vive con una herida siempre abierta?
Estoy despierto, pero no abro los ojos,
mi mirada se ha quedado sin palabras,
no soy, no existo, no tengo nombre.
Escucho el ruido electrónico de la felicidad,
una conversación apenas susurrada
me atraviesa como si fueran balas ciegas,
una carcajada seca me golpea sin piedad.
Tiemblo como si estuviera desnudo
y me encojo en este pobre rincón de carne.
Ha subido el volumen de mi sangre
y me golpea en los oídos.
Abro los ojos, veo el suelo
y unos pies que se alejan.
En unos pocos segundos
se apaga la luz del cajero.
Cierro otra vez los ojos.
Me gustaría soñar de nuevo
con el rostro y con las caricias de mi madre.
Quirino Vallejo “36 escalones”
-5 de febrero de 2018-
No sé durante cuánto tiempo he dormido;
soñaba que mi madre me acariciaba
y me llevaba de la mano hacia delante,
me hablaba con ternura.
Creo que por un momento me he sentido bien;
no sé, no estoy seguro, no me acuerdo.
La tristeza me ha elegido para hacer su oficio,
la tristeza huele a humedad y a miedo.
Vivo en un calendario
donde ayer es igual que hoy,
y mañana es igual que ayer.
¿Cómo se vive con una herida siempre abierta?
Estoy despierto, pero no abro los ojos,
mi mirada se ha quedado sin palabras,
no soy, no existo, no tengo nombre.
Escucho el ruido electrónico de la felicidad,
una conversación apenas susurrada
me atraviesa como si fueran balas ciegas,
una carcajada seca me golpea sin piedad.
Tiemblo como si estuviera desnudo
y me encojo en este pobre rincón de carne.
Ha subido el volumen de mi sangre
y me golpea en los oídos.
Abro los ojos, veo el suelo
y unos pies que se alejan.
En unos pocos segundos
se apaga la luz del cajero.
Cierro otra vez los ojos.
Me gustaría soñar de nuevo
con el rostro y con las caricias de mi madre.
Quirino Vallejo “36 escalones”
-5 de febrero de 2018-
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