edelabarra
Mod. Enseñante. Mod. foro: Una imagen, un poema
El verso sueltoSe denomina verso suelto, a aquel que no tiene rima con sus versos cercanos;
Se denomina verso libre, a aquel que no cumple con una determinada métrica,
o combinación de métricas, sino que su longitud responde al arbitrio del poeta.
Los oídos españoles, a duras penas, admitieron el endecasílabo,
acostumbrados como estaban a otros metros y ritmos,
pero más que nada, debió chocarles el verso suelto, que carecía del encanto de la rima.
Ya en Italia, Bernardo Tasso, compuso en verso sciolto y luego Boscán se atrevió a escribir en verso sin rimas su Hero y Leandro, con escándalo de muchos.
Era en efecto un atrevimiento aquella novedad de lanzar al aire libre, el verso suelto en la lengua armoniosa de Castilla.
Boscán imitando a Virgilio dijo:
Qual suele el ruiseñor entre las sombras
de las hojas del olmo o de la haya
la pérdida llorar de sus hijuelos,
a los cuales sin plumas aleando
el duro labrador tomó del nido,
llora la triste paxarilla entonces
la noche entera sin descanso alguno
y desde allí do está puesta en su ramo,
renovando su llanto dolorido
de sus querellas hinche todo el campo. Boscán
Y más tarde Garcilaso:
Qual suele el ruiseñor con triste canto
quejarse entre las hojas escondido
del duro labrador que cautamente
le despojó su caro y dulce nido
de los tiernos hijuelos…
También Garcilaso, en su Epístola a Boscán, cuyo principio:
Señor Boscán, quien tanto gusto tiene
de daros cuenta de los pensamientos
hasta en las cosas que no tienen nombre,
no le podrá con vos faltar materia,
ni será menester buscar estilo
presto, distinto, de ornamento puro
tal cual a culta epístola conviene.
Se consideró un verso más cercano al verso latino,
por carecer de rima y se aplicaba a asuntos de largo desarrollo o traducciones. Por carecer de rima, exige extremar su calidad, notándose enseguida todo prosaísmo, de ahí que resulte más difícil que el verso rimado.
Luego de él, Hernando de Acuña siguió su ejemplo, y en 1553, Gonzalo Pérez, padre de Antonio, el célebre secretario de Felipe II, tradujo La Odisea, prescindiendo de la rima.
El obispo de Tarragona, Antonio Agustín, agrupaba los versos sueltos, en versos sáficos y adónicos, perfeccionados más tarde por don Estevan de Villegas (1596-1669).
En el siglo XVI, otros poetas usaron también versos sueltos, aunque en composiciones cortas, como en A Tirsis de Francisco de la Torre.
¡Tirsis! ¡ah Tirsis! vuelve y endereza
tu navecilla contrastada y frágil
a la seguridad del puerto: mira
que se te cierra el cielo.
El encanto de los siguientes versos recae en su estructura métrica y su cadencia, sin tener rima.
La famosa Al Céfiro, de Villegas, compuesta a comienzos del siglo XVII
Dulce vecino de la verde selva,
Huésped eterno del abril florido,
Vital aliento de la madre Venus,
Céfiro blando;
Si de mis ansias el amor supiste,
Tú, que las quejas de mi voz llevaste,
Oye, no temas, y a mi ninfa dile,
Dile que muero.
Filis un tiempo mi dolor sabía;
Filis un tiempo mi dolor lloraba;
Quísome un tiempo, mas ahora temo,
Temo sus iras.
Así los dioses con amor paterno,
Así los cielos con amor benigno,
Nieguen al tiempo que feliz volares
Nieve a la tierra.
Jamás el peso de la nube parda
Cuando amanece en la elevada cumbre,
Toque tus hombros ni su mal granizo
Hiera tus alas.
Son todos versos sáficos, de ritmo (4-8-10), (1-4-8-10) o (2-4-8-10)
terminados en un adónico, pentasílabo de ritmo (1-4)
En esa época, los culteranos, hicieron la guerra al verso suelto,
tanto que después de Arte nuevo de hacer comedias de Lope, y de algunas obras de Quevedo (circa 1630),
fue abandonado del todo, y no volvió a aparecer hasta bien entrado el siglo XVIII.
El implacable Castillejo, señalaba como el colmo de la extravagancia la introducción del verso suelto, desprovisto de las sonoridades de la rima, que no era verso, según él.diciendo:
Usan ya de cierta prosa
medida sin consonantes…
Y Góngora (1561-1627) asi se expresaba:
Que yo a pie quiero ver más
un toro suelto en el campo
que en Boscán un verso suelto
aunque sea en un andamio.
Menendez y Pelayo, sobre el Discurso Poético de Juan de Jáuregui dijo que traía de Italia el arte del verso suelto, no alcanzado hasta entonces por ningun poeta español, aunque muchos hubiesen sudado en la difícil empresa, y, amante de la forma purísima y sin velo de la poesía antigua, se indignaba contra las rudas orejas que perdían la paciencia si no sentían a ciertas distancias el porrazo del consonante. (Ideas estéticas).
Moratín y Quintana, dejaron bellas muestras del buen manejo del verso suelto en nuestra lengua.
Estos versos, se han llamado también libres o sueltos, denominándose también verso blanco.
Su facilidad, es aparente y engañosa, ya que por lo mismo que les falta el encanto de la rima, deben ser de irreprochable calidad, para poder agradar al oído, olvidando la faltade consonancias.
Uno de Argensolas, decía (si bien asonantado en los versos pares).
Pero si no te hallares desenvuelto
en consonar nuestro lenguaje, fía
la empresa al generoso verso suelto:
porque la libertad de su armonía
como solos sus números respeta,
de emparentar las voces se desvía.
Juan de la Cueva, en su Ejemplar poético, así se expresaba:
El verso suelto pide diligente
cuidado en el ornato y compostura
en que vicio ninguno se consiente.
Porque como la ley estrecha y dura
del consonante no le obliga y fuerza
con ningún atamiento ni textura,
la elegancia y cultivo en él esfuerza
que suple la sonora consonancia
con que el verso se ilustra y se refuerza.
Y así hará enfadosa disonancia
si aquella parte principal no llenan
de admiración o cosas de importancia.
A cualquier verso lánguido condenan
flaco o infelice en número o estilo
y del nombre de verso se enajenan.
Siempore deben huir el común hilo,
desviarse de bajos pensamientos,
seguir la alteza y majestad de Esquilo.
Aplicarlos a heroicos argumentos
cual hacen al hexámetro latino,
no a tiernos ni a llorosos pensamientos. Juan de la Cueva
Como se ve en estos ejemplos, son siempre versos endecasílabos, a veces combinados con heptasílabos y aún con pentasílabos dactílicos, como en la estrofa Sáfico-adónica.
Se ha tratado de hacerlos con octosílabos, pero con poco éxito, como si el metro más popular de la lengua castellana, pudiera marchar sin sus consonantes.
El verso suelto, se presta al enjambamiento,
Ejemplos de enjambamiento en verso suelto:
“Vendrá la temerosa
desventurada noche.“
Torna sabroso sueño y tus hermosas
alas suenen ahora.”
Sacude el polvo el árbol del camino
al soplo de la tarde, y en el suelto
manto de la sutil neblina envuelto,
se ve temblar el viejo torreón. Bello
Al aire las dos pomas
del blanco seno, como dos palomas
palpitantes de amor, me parecieron.
Otro ejemplo brillante de verso suelto, lo encontramos en Oyuela, argentino,
en su obra Eros,
de 1882 (fragmento):
Todo me habla de ti: la flor que entreabre
su vívida corola; el aura leve
que en torno gira; la onda rumorosa
que entre menudos céspedes resbala;
y aquella de la tarde
voz íntima y profunda
que embarga el corazón e hinche la mente.
cuando el último beso
naturaleza de la luz recibe,
tráenme, envuelto en delicado aroma
tu nombre y tu recuerdo. En la alta noche
cuando huésped benigno,
sobre el mundo infeliz vela el silencio
y cual mudo lenguaje el alma embriaga
el límpido brillar de las estrellas.
yo siento que tu imagen
llena todo mi ser. Viva y radiante,
ella aparece en cuanto objeto hermoso
mis ojos ven en olas de belleza,
inundándome el alma, en ella yerguen
fresco y lozano el árbol de la vida.
El verso libre, fue también la denominación dada a los versos sin una métrica determinada.
El poeta modernista Santos Chocano, basó parte de su poesia libre, en versos rítmicos, como en el caso de “Los caballos de los conquistadores”, apoyándose en asonancias en los versos pares y usando grupos de cuatro sílabas métricas con acento en la tercera:
ta-ta-Tá-ta;
El caballo del beduino
que se traga soledades;
el caballo milagroso de San Jorge
que tritura con sus cascos los dragones infernales;
el de César en las Galias;
el de Aníbal en los Alpes;
el centauro de las clásicas leyendas; etc.
Rubén Darío, explotó en gran medida las posibilidades del verso no rimado, apoyando su encanto en el ritmo y en asonancias internas de los versos,, como hemos visto en charlas anteriores.
Vayan como ejemplo estos versos libres en el poema Heraldos:
¡HELENA!
La anuncia el blancor de un cisne.
¡Makheda!
La anuncia un pavo real.
¡Ifigenia, Electra, Catalina!
Anúncialas un caballero con un hacha.
¡Ruth, Lía, Enone!
Anúncialas un paje con un lirio.
¡Yolanda!
Anúnciala una paloma.
¡Clorinda, Carolina!
Anúncialas un paje con una rama de viña.
¡Sylvia!
Anúnciala una corza blanca.
¡Aurora, Isabel!
Anúncialas de pronto
un resplandor que ciega mis ojos.
¡Ella?
(No la anuncian. No llega aún.)
Dijo Darío de su poema: En “Heraldos” demuestro la teoría de la melodía interior. Puede decirse que en este poemita el verso no existe, bien que se imponga la notación ideal. El juego de las sílabas, el sonido y color de las vocales, el nombre clamado heráldicamente, evocan la figura oriental, bíblica, legendaria, y el tributo y la correspondencia.
En el siguiente poema de Alberto Lista, titulado “La tarde”, los versos fluctúan entre doce y quince sílabas; con evidentes influencias clásicas pero con cierta ametría e irregularidad:
Ya el rayo declina, ya Febo el último otero
con lumbre plácida desde el ocaso dora.
Céfiro, dejando alegre la apacible floresta,
árbitro de Mayo, por la pradera ríe,
al laurel agita, al árbol sacro a Minerva,
y a ti, del margen verde corona, tilo.
las claras ondas su hermosa copa retratan,
y nuevo encanto da, retratada, al río,
mas Céfiro, el margen, los troncos, verde pradera
y pura linfa, que entre la grama huye,
todo lo vence Filis; que amante, al son de mi avena,
a mis rediles su manadilla guía. Caro
También José Eusebio Caro,
utilizó la forma acentual, imitando los antiguos versos hexámetros latinos, dándole seis acentos a cada verso:
¡Céfiro rápido lánzate! ¡rápido empújame y vivo!
Más redondas mis velas pon: del proscrito a los lados,
¡Haz que tus silbos susurren dulces y dulces suspiren!
¡Haz que pronto del patrio suelo se aleje mi barco!
El verso libremoderno, pertenece a la versificación irregular y se presenta también en series no estróficas.
El verso libre se caracteriza por una segmentación del discurso que aísla unidades de imágenes, de figuras, de pensamientos. Por eso, el ritmo del verso libre se basa en repeticiones no sólo fónicas (que también pueden estar presentes, aunque no sean las de los esquemas métricos tradicionales), sino también sintacticas y semánticas. Esa segmentación, diferencia el verso libre de la prosa.
“La repetición, está en la entraña misma del verso libre, como su fundamenta principio constitutivo” (Lázaro Carreter).
En Canto General de Neruda, se percibe un buen ejemplo de segmentación fundada en unidades de contenido y sintácticas, característica del verso libre.
Qué luna como una culata ensangrentada,
qué ramaje de látigos,
qué luz atroz de párpado arrancado
te hace gemir sin voz, sin boca:
oh, cintura central, oh paraíso
de llagas implacables.
De noche y día veo los martirios,
de día y noche veo al encadenado,
al rubio, al negro, al indio
escribiendo con manos golpeadas y fosfóricas
en las interminables paredes de la noche.
Por su mismo carácter, el verso libre, es difícil de clasificar o de estudiar sistemáticamente, pero se han hecho intentos, de clasificación, como el de Navarro Tomás (1956) en que según los márgenes de fluctuación lo llama
“menor” (mezcla de versos entre cuatro y siete sílabas)
ejemplo: (con rimas asonantes agudas, en (–i) y en (-ó).
Infancia mía en el jardín
Las cochinillas de humedad,
las mariquitas de San Antón,
también vagaba la lombriz
y patinaba el caracol.
Infancia mía en el jardín:
¡Reina de la jardinería!
El garbanzo asomaba su nariz
y el alpiste en la jaula se moría.
Infancia mía en el jardín:
La planta de los suspiros
el aire la deshacía. Rafael Alberti, Elegía.
“medio”, o versículo, (entre ocho y doce sílabas), sin rima ni acentuación regular,
ejemplo:
Muchacha corazón o sonrisa,
caliente nudo de presencia en el día,
irresponsable belleza que a sí misma se ignora,
ojos de azul radiante que estremece.
Tu inocencia como un mar en que vives-
qué pena a ti alcanzarte, tú sola isla aún intacta;
qué pecho el tuyo, playa o arena amada
que escurre entre los dedos aún sin forma.
generosa presencia la de una niña que amar,
derribado o tendido cuerpo o playa a una brisa,
a unos ojos templados que te miran,
oreando un desnudo dócil a su tacto.
No mientas nunca, conserva siempre
tu inerte y armoniosa fiebre que no resiste,
playa o cuerpo dorado, muchacha que en la orilla
es siempre alguna concha que unas ondas dejaron.
Vive, vive como el mismo rumor de que has nacido;
escucha el son de tu madre imperiosa;
sé tú espuma que queda después de aquel amor,
después de que, agua o madre, la orilla se retira. Vicente Aleixandre, Hija del mar.
Se percibe abundancia de fracciones versales o hemistiquios, de 7 sílabas,
algunos correctos endecasílabos y reminiscencias del alejandrino,
como ecos de la métrica tradicional, además de una distribución estrófica algo tradicional
(5 estrofas de cuatro versos, aunque sin rima).
“mayor” (mezcla de líneas breves y largas hasta de 20 sílabas),
ejemplo (fragmento):
No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente
las huellas de unos besos,
ese resplandor que aún de día se siente si te acercas,
ese resplandor contagioso que me queda en las manos,
ese río luminoso en que hundo mis brazos,
en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero. Vicente Aleixandre, Ven siempre, ven.
Como conclusión, diría que si bien el verso puede prescindir de la rima, siempre estará atado a formas rítmicas, métricas o relativas, que lo diferencien de la cruda prosa.
El buen decir y la correcta expresión sintáctica, también contribuyen a conseguir el efecto artístico o emotivo buscado por el poeta.
Las formas modernas, cada vez más libres, no hacen buena toda la poesía concebida, como tampoco el ajustarse a un metro o una rima la hace buena por ese solo artificio.
Se han embellecido los poemas, con caligramas, acrósticos, formando figuras, etc.
en general adoptando la forma icónica del tema que trata.
(J. Domínguez Caparrós, Métrica Española).
Asi vemos poemas con forma de árbol, de mujer, de vasija, formando textos espejados,
diseminados por la hoja de papel, formándo escalas, líneas verticales,
siempre tratando de ampliar las posibilidades expresivas, según las necesidades del poeta.
Muchas gracias por su atención;
edelabarra.
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