NiñaSanctuary
Poeta adicto al portal
Cuatro veintidós de la mañana,
despierto repentinamente,
doliéndome el pecho y las entrañas,
soy presa de esto nuevamente.
Ya no puedo continuar durmiendo,
me invade otra vez este pesar;
el yugo de este inevitable tormento,
tu ser que me ha robado la paz.
Es sólo cuando tengo este sentimiento
que en pesadillas me levanta el frenesí
de la miserable ansiedad por tu cuerpo
que a veces no controlo dentro de mí.
Es sólo cuando me sueño perdida,
rondándote sin que tú me veas;
es sólo cuando cae sal en la herida,
cuando entras por la almohada y te adueñas de mí.
Y envuelta en el silencio de esta oscuridad,
con el tic-tac del reloj a mi costado,
interrumpo sin remedio mi descanso
para venir a escribir esto en soledad.
A las cuatro veintidós de la mañana,
hora en que percibo fuerte esta angustia,
esta sensación me despierta y me gana,
aunque yo quisiera, no la puedo ignorar.
Recorro mi casa con los pies desnudos,
acercándome a la penumbra de cada ventana,
sin lograr contener una breve plegaria,
pidiendo consuelo para mi dolor mudo.
Este cielo que precede al amanecer,
que me regala el primer cantar de los pajarillos,
es el mismo cielo bajo el que ahora duermes,
mientras yo no puedo dejarte de padecer.
Lastimoso es el tiempo que pasa,
no sé en qué momento te convertiste
en este monstruo de mis pesadillas,
en ese ser que con su ambigüedad me amordaza.
Lastimosa y cruenta es esta madrugada
que mi lecho tibio me hizo abandonar,
y sin poderte ya dejar de pensar
para calmar un poco esta angustia
voy a tratar de unos versos hilvanar.
NS