Nýcolas

Poeta asiduo al portal
¡Libre a ti! ¡Sárasuatï!
Flameante ánima inmortal
En radiante alma magna
Y fatal que fluyendo cantas
Entre las tumbas del frío camposanto
Un estilete centelleante de alígera luz,
A los magnánimos espíritus
Que cual el viento acarician
A las glaucas copas de los sabios,
Erguidos sobre la fértil
Bajo el calor de la corona,
¡Azur y brillante Río en perenna limpidez!
Fuego que renueva
En la áurea melodía del Día,
Llevando asiáticas leyendas
Sobre la oriental carne de los hombros.

Y en nucífera flor refulgente pura,
Comunicas tus dorados secretos
A la consciencia del hombre y a la misma
De la mujer que lleva el beso de Suria
En el fogoso plexo: flamígero tacto
Del amor eterno: e-videncia de la eternidad;
Mil silentes en un divino instante de paz,
Un mensaje sin tiempo ni distancia danza
En el aulético ritmo al son de la calma vina;
Límpido santo canto azuceno
Que cual el cisne se desliza por las aguas;
Palidez de pulcra luna en vedas velos
De alabastro, Chandra de los nocturnos,
Pasión de entre las selvas,
Morada eterna el sacro palacio de Ratridevi.

Cuatro sonatas en un año;
Gélido invierno también tiene sus frutos,
Otoño de papiro lecho de lo oculto
Junto al verano y su verdad en ausente luto y
Votiva primavera de los ángeles
Que cantan en la brisa, cálida serenata
Cual la brizna que, como lluvia de estrellas,
Nos cubre con sus perlas, sagradas esferas
Cual las letras: cayendo del celeste cielo
En apacible temple cual las ancianas hojas
Del mustio árbol; pote de la purificación
Mística; más viajando por las blancas nubes
Sobre pavo real montado, cual corsario
En tenebroso barco, así, recorriendo
Los celestes senderos en un halo de celeridad
Mítica cual antaño y, cual el índico ánsar
Que en temperamento de témpano
Aletea entre las cúspides del Himalaya,
Yo, simple mortal nacido de la tierra,
Me elevo hacia ti mi hermosa diosa
Mis caricias y mis besos cual el enamorado
Amante de la Luz y lo Divino, para volar
Hacia el Ser lejos de la rueda del retorno eterno
Y fundirme de una por todas vez
Con el Supremo (el Amor), cual una nota
Que se extravió del pentagrama y ávidamente
Busca fundirse al fin con la gran y suprema Melodía.
 
Nýcolas;4369658 dijo:
¡Libre a ti! ¡Sárasuatï!
Flameante ánima inmortal
En radiante alma magna
Y fatal que fluyendo cantas
Entre las tumbas del frío camposanto
Un estilete centelleante de alígera luz,
A los magnánimos espíritus
Que cual el viento acarician
A las glaucas copas de los sabios,
Erguidos sobre la fértil
Bajo el calor de la corona,
¡Azur y brillante Río en perenna limpidez!
Fuego que renueva
En la áurea melodía del Día,
Llevando asiáticas leyendas
Sobre la oriental carne de los hombros.

Y en nucífera flor refulgente pura,
Comunicas tus dorados secretos
A la consciencia del hombre y a la misma
De la mujer que lleva el beso de Suria
En el fogoso plexo: flamígero tacto
Del amor eterno: e-videncia de la eternidad;
Mil silentes en un divino instante de paz,
Un mensaje sin tiempo ni distancia danza
En el aulético ritmo al son de la calma vina;
Límpido santo canto azuceno
Que cual el cisne se desliza por las aguas;
Palidez de pulcra luna en vedas velos
De alabastro, Chandra de los nocturnos,
Pasión de entre las selvas,
Morada eterna el sacro palacio de Ratridevi.

Cuatro sonatas en un año;
Gélido invierno también tiene sus frutos,
Otoño de papiro lecho de lo oculto
Junto al verano y su verdad en ausente luto y
Votiva primavera de los ángeles
Que cantan en la brisa, cálida serenata
Cual la brizna que, como lluvia de estrellas,
Nos cubre con sus perlas, sagradas esferas
Cual las letras: cayendo del celeste cielo
En apacible temple cual las ancianas hojas
Del mustio árbol; pote de la purificación
Mística; más viajando por las blancas nubes
Sobre pavo real montado, cual corsario
En tenebroso barco, así, recorriendo
Los celestes senderos en un halo de celeridad
Mítica cual antaño y, cual el índico ánsar
Que en temperamento de témpano
Aletea entre las cúspides del Himalaya,
Yo, simple mortal nacido de la tierra,
Me elevo hacia ti mi hermosa diosa
Mis caricias y mis besos cual el enamorado
Amante de la Luz y lo Divino, para volar
Hacia el Ser lejos de la rueda del retorno eterno
Y fundirme de una por todas vez
Con el Supremo (el Amor), cual una nota
Que se extravió del pentagrama y ávidamente
Busca fundirse al fin con la gran y suprema Melodía.



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Gracias, lo tendré en cuenta para la próxima. Pues erróneamente había interpretado que en Torre de Babel sólo se publicaban escritos en idiomas diferentes, no sabía que aún sólo el título en otro idioma era motivo suficiente para publicar allí. ¡Mis saludos!
 

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