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Nýcolas

Poeta asiduo al portal
No es necesario siempre un título.
(sobre tiempos y estados)
Todas las noches visito la noche.


— ¡Ah! La Luna llena entre el lila de las nubes, el turquesa del cielo, la frescura de la madrugada, a tiempo el canto de los pájaros, y los ojos de Afrodita que brillan a lo lejos cual si fuera un meteorito a estamparse con la Tierra. ¡Oh sagrada inmensidad nocturna!...

Si pudiese regresar al pasado
Para volver a ser el genio que no fui;
Si pudiese con daga en boca
Terminar escalar el barranco medroso;
Si pudiese desnudar mi alma
A los terribles ojos del mundo
Como si fuera un algarrobo
Danzando en un cable de seda;
¡Cuántos sueños tragados por el Abismo!,
Podría cantar libre en silencio
Como un pájaro azul encerrado vivo en féretro frío.​

— No camino, me busco (caminar es buscarse con venda de cuero); no respiro los mefíticos versos de una rutina ionizada en el seno terrestre de una madre agonizante, no, no; únicamente gritando en las alturas, ¡siempre estaré aquí abajo!, jugando con transatlánticos de papel en los cálidos pantanos.

Me revientan los ojos
En un iridáceo de sangre.
Me estalla el corazón
En su perfume eterno.

¡Quiero asesinar a la elegía!
Pero la disfruto y alquimista
La transformo en oda,
Subyace un mar detrás de cada lágrima.

Si contar los infiernos
Cual a las estrellas pudiera...

Ni siquiera una sonrisa brilla
En el techo de la noche.

Dicen que el mar no sería mar
Si le faltase esta perla, pero lo cierto,
Lo cierto es que nadie
Notaría jamás la diferencia.

Recuerdo cuando niño soñaba con el cielo,
Cómo, cómo podría haberme imaginado
Encadenado como una estrella caída
Y secuestrada por las mundanas penas.

Nadie elige nunca nacer en este astro
De ilusiones perdidas con hemoglobina
En demasía corriendo por las cañerías,
Nadie elige nunca arribar en esta tierra.

Sin embargo cual Sísifo tengo que sostener
Esta piedra latente radiante y sin embargo helada
Antes que se derrita por el rabioso tacto del Sol.
Deseando haber nacido en satélite de novocaína.

Comprender la belleza del espanto de una lluvia
En fin de año con ojos que no me pertenecen.
Cantar sin voz sobre un coro de gemidos de ultratumba
En tono silente infinito ante una audiencia pereciendo.​

¡A dónde van a parar los anhelos tras el destierro!

Nuestro amor brilla muerto en el firmamento.
 
Última edición:
Versos que logran transmitir una profunda melancolía, a través de logradas imágenes. Me ha encantado leerte. Mis estrellas para ti. Saludos.
 

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