rebecca zuñiga
Poeta recién llegado
Cabe dentro de mis manos los pedazos de tú sonrisa y
la mística de los ojos que tienes dentro del alma.
Puedo entender que no tienes escapatoria cuando los rasgos de los fantasmas se cuelan entre mis sábanas y
los más interesados en tú nombre no son los demonios ni los anticristos.
Ya no hay sombras entre los dos;
conoces mis manos y
recuerdas mi voz aún cuando ésta calla en la mirada que tiene dibujada
en la frente por ti.
Me encuentro en un arco donde mis manos se topan con las tuyas,
y presiento que te empiezo a querer cuando dentro de mí arde un inmenso terror por que me hagas llorar o
me hagas pedazos en un mundo donde nada tiene sentido por sí mismo.
Miles de ángeles se esconden bajo mis sábanas y
los recuerdos se me cansan de revivir tu rostro en una imagen mal hecha, y empiezo ha componer una canción que se parezca más a mí que a ti.
Sabes a sal y a miel.
Miles de estrellas se miran en tu ego,
y más vale que me deprisa antes de que tus oraciones se vuelvan
puñales que podrían atacarme la piel.
Cuanto espero que te quedes, que me quede...
Me podría buscar un refugio y no volver a saber de tú paradero y
de los enanos que duermen en el bosque de tú cuerpo,
pero creo que tendrás más valor para enredarme en un círculo tan peculiar y tan cargado de sobrecarga que no me interesa cargar.
la mística de los ojos que tienes dentro del alma.
Puedo entender que no tienes escapatoria cuando los rasgos de los fantasmas se cuelan entre mis sábanas y
los más interesados en tú nombre no son los demonios ni los anticristos.
Ya no hay sombras entre los dos;
conoces mis manos y
recuerdas mi voz aún cuando ésta calla en la mirada que tiene dibujada
en la frente por ti.
Me encuentro en un arco donde mis manos se topan con las tuyas,
y presiento que te empiezo a querer cuando dentro de mí arde un inmenso terror por que me hagas llorar o
me hagas pedazos en un mundo donde nada tiene sentido por sí mismo.
Miles de ángeles se esconden bajo mis sábanas y
los recuerdos se me cansan de revivir tu rostro en una imagen mal hecha, y empiezo ha componer una canción que se parezca más a mí que a ti.
Sabes a sal y a miel.
Miles de estrellas se miran en tu ego,
y más vale que me deprisa antes de que tus oraciones se vuelvan
puñales que podrían atacarme la piel.
Cuanto espero que te quedes, que me quede...
Me podría buscar un refugio y no volver a saber de tú paradero y
de los enanos que duermen en el bosque de tú cuerpo,
pero creo que tendrás más valor para enredarme en un círculo tan peculiar y tan cargado de sobrecarga que no me interesa cargar.