Interesante escrito. Es honesto y retrata claramente tu sentir al respecto.
Y pues, en base a lo que uno suele ver, muchos de esos 'chicos que las hacen perder el tiempo' y conviene espantar vienen en dos sabores:
1.-los que realmente asfixian y molestan.
2.-los que son divertidos y excitantes.
Es fácil (si se quiere) deshacerce de los primeros, pero... ay! de los otros; esos que hacen que el día sea entretenido,
que la sensación de soledad se vaya y el brillo de los ojos les regrese al semblante. Pues aunque no convengan (si acaso son
infieles, mentirosos e incluso peligrosos) una, como mujer, en verdad no quiere que se marchen. Y claro, el precio a pagar es sufrir por quien
no las quiere con la misma exclusividad con que se los quiere a ellos. Ahí está el peligro (a menos que se esté dispuesta
a ser una más, lo cual también es una alternativa).
A su vez el estereotipo de 'principe azúl' a pesar de ser fiel, considerado y , porque no decirlo, 'bueno' no pocas veces se percibe como
aburrido, tímido y poco pasional; características que resultan particularmente poco atractivas para buena parte del sexo femenino, de
ahí que no sea nada raro no dar con el príncipe en cuestion, pues no interesa verlo salvo en la imaginación donde si se le puede moldear
a gusto.
Al final, el secreto del bienestar parece estar en vivir cómodo en la propia piel, sin ansias carnívoras por que otro nos complemente las
carencias que no logramos reparar en nosotros mismos. Si pudiera dar un consejo (solo si pudiera), recomendaría paciencia, calma...
nada de temor a estar solos y si aparece tu muchacho, pues ver que tal funciona pero ya no por necesidad, sino por decisión de compartir
un recorrido en que ambos se potencien y no en que uno 'deja seco' al otro.
Y luego la verdadera preocupación ya no sería espantar hombres sino reconocer al que buscamos.
Es la reflexión que me deja tu artículo, gracias por compartirlo.