Caigo, caigo de la terraza.
Empujado por las ratas
de la ciudad fantasma.
Desfigurado por este rostro
me arranco mis propios ojos
y así dejar de ver mis verdaderos monstruos.
Aun me sigue este tormento
que me deja sin aliento
en medio de este infierno.
Y sigo observado, sigo esperado.
Acechado por sus deseos,
placeres y fetiches banales.
¿Dónde está el famoso lucifer?
He sido abandonado por mi dios
en manos de ese ser.
Cubierto por sus garras
siento como me analiza
y desea mi ánima.
Corre, llora y grita;
Se escucha detrás de su sonrisa
y ojos llenos de ira.
No huiras ni escaparas
y si así lo fuera,
tu propia sombra te encontrará.
Corre, llora y grita;
Dicen los espíritus
mientras se avecinan.
Las piernas ensangrentadas
y mis manos cortadas
no me dejan desertar.
Pareciera ser solo una ofrenda
en la que mi cuerpo ya no responde,
lleno de miedo y temor, como una presa.