ADIÓS, AMIGO
Te has ido, amigo, dejas un vacío
dificil de llenar,
porque tu transitar
en esta vida tuvo poderío.
Supiste rodearte
de amor para encauzarte
con timón firme ante el mar bravío
y con mano segura,
no exenta de ternura,
dirigir a buen puerto tu navío.
Te han llamado, poeta, desde el cielo,
en alegre alborozo
ya te esperan, con gozo,
los serafines, ángeles en vuelo.
En la tierra quedamos
los que mucho te amamos
sumidos en profundo desconsuelo.
Con dolientes pesares
alumnos, familiares
y amistades guardan sentido duelo.
Profundas huellas quedan de tu paso
muchos las seguirán
y pronto aprenderán
a leer tus consejos sin retraso.
Como un astro luciste,
en el mundo viviste
lleno de resplandor hasta tu ocaso.
Eduardo no serás
olvidado y tendrás
un lugar eminente en el Parnaso.
A Eduardo León de la Barra
Te has ido, amigo, dejas un vacío
dificil de llenar,
porque tu transitar
en esta vida tuvo poderío.
Supiste rodearte
de amor para encauzarte
con timón firme ante el mar bravío
y con mano segura,
no exenta de ternura,
dirigir a buen puerto tu navío.
Te han llamado, poeta, desde el cielo,
en alegre alborozo
ya te esperan, con gozo,
los serafines, ángeles en vuelo.
En la tierra quedamos
los que mucho te amamos
sumidos en profundo desconsuelo.
Con dolientes pesares
alumnos, familiares
y amistades guardan sentido duelo.
Profundas huellas quedan de tu paso
muchos las seguirán
y pronto aprenderán
a leer tus consejos sin retraso.
Como un astro luciste,
en el mundo viviste
lleno de resplandor hasta tu ocaso.
Eduardo no serás
olvidado y tendrás
un lugar eminente en el Parnaso.
A Eduardo León de la Barra
Sin duda, Eduardo, de las artes tienes
henchidas tus maletas
y a tu espalda sujetas
alas que mueve el viento en sus vaivenes.
Tu canto jilguerillo
nos deja su estribillo
en cada verso urdido en tus andenes,
mientras tanto la noche
irradia con su broche
la sosegada albura de tus sienes.
Estás tan cerca y tan distante, amigo,
que esta noche no logro
ahuyentar el ogro
que sus fachas engasta en mi postigo.
Extraño tus consejos,
tu abrazo y los reflejos
de tu hermosa familia que bendigo.
Tres amorosas gemas
—joyeles en diademas—
hechas verbo en tus labios, y prosigo.
Se dieron cita, bajo el mismo techo,
tus amigos y hermanos,
tus parientes cercanos
y un ministro, de oficios, me sospecho.
En coro angelical
traspasan el umbral
siete alondras que anidan en tu pecho.
De la India casiopiris,
de Argentina arcoíris
que irisan la blancura de tu lecho.
ligiA
julio 13, 2017
Maramin
Ligia