Lírico.
Exp..
A buenas horas
Nadie puede librarse
de él. Es el domingo
por la noche. Estamos
todos ya sometidos
a su lenta dosis de angustia
porque el lunes se acerca
a relevarlo y sientes
que te has bebido
todo el fin de semana;
que has tirado neuronas
a la basura; has tirado
tu dinero en alcohol;
has perdido el tiempo
arrastrándote por bares
y dejando que tu vida
se largue con otro
y te deje a dos velas,
con un palmo de narices.
Ahora el fin de semana
es un montón amargo de cenizas
y tu conciencia tiene
hollín de chimenea
y tus propósitos de enmienda
se descojonan vivos mientras piensas
que va a llegar de nuevo el puto lunes;
que tus sueños de poeta
son muñecos sin cabeza;
patéticos fantoches hechos trizas
por tanta necedad insuperable.
El domingo te fusila
una semana más
usando munición
que tú mismo le has dado;
tú mismo te has buscado
el torpe paredón de la pereza;
has dejado plantada a la esperanza
por irte de juerga con el vicio,
y ahora gime, cabrón,
a buenas horas.
Nadie puede librarse
de él. Es el domingo
por la noche. Estamos
todos ya sometidos
a su lenta dosis de angustia
porque el lunes se acerca
a relevarlo y sientes
que te has bebido
todo el fin de semana;
que has tirado neuronas
a la basura; has tirado
tu dinero en alcohol;
has perdido el tiempo
arrastrándote por bares
y dejando que tu vida
se largue con otro
y te deje a dos velas,
con un palmo de narices.
Ahora el fin de semana
es un montón amargo de cenizas
y tu conciencia tiene
hollín de chimenea
y tus propósitos de enmienda
se descojonan vivos mientras piensas
que va a llegar de nuevo el puto lunes;
que tus sueños de poeta
son muñecos sin cabeza;
patéticos fantoches hechos trizas
por tanta necedad insuperable.
El domingo te fusila
una semana más
usando munición
que tú mismo le has dado;
tú mismo te has buscado
el torpe paredón de la pereza;
has dejado plantada a la esperanza
por irte de juerga con el vicio,
y ahora gime, cabrón,
a buenas horas.
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