Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
A Clío
Acaríciame, con suaves yemas
que alimentan el arpa,
para que con mis suspiros
no queden muertas
las necias palabras...
Sumérgeme en aguas delfas
y cristalinas,
donde acaricias las mamas tuyas,
con las de tus hermanas.
Que mi boca las seque todas,
asi me caiga un rayo,
o una ola me tire al destierro
y lo lamente en la eternidad,
haber saciado sed atrasada
de niños hambrientos.
Esta noche,
la tinta se deslizara en tus papiros,
en todos tus pergaminos,
por recovecos y atajos
que solo tú propongas.
Pero que las palabras penetren más
que el tatuaje en la piel.
Que florezcan todas las rosas
y se retuerzan todas las odas,
que se musicalicen los cuerpos,
y se aviven todas las mentes
de condiscípulas cautivadoras e incipientes.
Pero que se justifique
este monologo - entremés frío y tardío,
y mis invocaciones de abnegados lamentos,
te lleguen, sufras y busques compañía.
Y tú, al encontrar la mano mía,
me reprendas con tu mano sabia y poderosa
y tus colmillos al morder la pulpa roja,
dejen brotar la sangre que ruede de mi boca,
a la vez que el carboncillo deje ver el negro
y aflija los corazones por toda la historia.
Que cuente a los precoces por sed de letra,
un amor prohibido, que si fue,
un incesto premeditado por el destino,
un árbol que se deshoja como el poeta errado,
rompe las hojas,
o dibuje con dulzura y erótico candor,
las mejillas que se sonrojan,
al rozarse las furtivas bocas
por risas quinceañeras del primer amor.
Pero al mirarme contra el espejo,
cuando al alumbrarme, tornasolado,
la luz del alba,
la luz del alba por las persianas;
¡Cuente las hojas y ría al leerlas!
Y la alegría atiborre el ser,
y disimule las ojeras
o el hálito a sepulcro,
de haber pasado la noche en vela.
Esperare y velare una,
todas las noches,
para siempre besar todos tus senos,
y dejarme llevar
por el elixir de tus instrumentos.
Escribiendo con una mano,
sobre la belleza de tus manos,
al unísono del movimiento,
ese que calca y tatúa los versos.
Y con la otra, solo con tres dedos
- como haciendo un juramento - ,
llevare el ritmo de bacanales griegos o romanos,
en vos baja y con cuidado,
de no despertar a los jurados.
Acaríciame, con suaves yemas
que alimentan el arpa,
para que con mis suspiros
no queden muertas
las necias palabras...
Sumérgeme en aguas delfas
y cristalinas,
donde acaricias las mamas tuyas,
con las de tus hermanas.
Que mi boca las seque todas,
asi me caiga un rayo,
o una ola me tire al destierro
y lo lamente en la eternidad,
haber saciado sed atrasada
de niños hambrientos.
Esta noche,
la tinta se deslizara en tus papiros,
en todos tus pergaminos,
por recovecos y atajos
que solo tú propongas.
Pero que las palabras penetren más
que el tatuaje en la piel.
Que florezcan todas las rosas
y se retuerzan todas las odas,
que se musicalicen los cuerpos,
y se aviven todas las mentes
de condiscípulas cautivadoras e incipientes.
Pero que se justifique
este monologo - entremés frío y tardío,
y mis invocaciones de abnegados lamentos,
te lleguen, sufras y busques compañía.
Y tú, al encontrar la mano mía,
me reprendas con tu mano sabia y poderosa
y tus colmillos al morder la pulpa roja,
dejen brotar la sangre que ruede de mi boca,
a la vez que el carboncillo deje ver el negro
y aflija los corazones por toda la historia.
Que cuente a los precoces por sed de letra,
un amor prohibido, que si fue,
un incesto premeditado por el destino,
un árbol que se deshoja como el poeta errado,
rompe las hojas,
o dibuje con dulzura y erótico candor,
las mejillas que se sonrojan,
al rozarse las furtivas bocas
por risas quinceañeras del primer amor.
Pero al mirarme contra el espejo,
cuando al alumbrarme, tornasolado,
la luz del alba,
la luz del alba por las persianas;
¡Cuente las hojas y ría al leerlas!
Y la alegría atiborre el ser,
y disimule las ojeras
o el hálito a sepulcro,
de haber pasado la noche en vela.
Esperare y velare una,
todas las noches,
para siempre besar todos tus senos,
y dejarme llevar
por el elixir de tus instrumentos.
Escribiendo con una mano,
sobre la belleza de tus manos,
al unísono del movimiento,
ese que calca y tatúa los versos.
Y con la otra, solo con tres dedos
- como haciendo un juramento - ,
llevare el ritmo de bacanales griegos o romanos,
en vos baja y con cuidado,
de no despertar a los jurados.
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