A ELISALLE
(Que está preocupada por mi poesía)
-¿Se dan cuenta sus mercedes
que este vino de reserva
nuestra líbido conserva
su pasión entre paredes?
-¡Serás tú que ya no puedes
por haber exagerado,
que yo mismo te he contado
por lo menos tres botellas,
y por tanto las doncellas
son asunto reservado!
-¡Callad, que viene la moza
sin sostén y con liguero!
-¡Es mujer de cuerpo entero,
y provocándonos goza!
-¡Mi corazón ya solloza
por no darle un buen meneo!
-¡Pues apaga tu deseo
que se trae de la cocina
el cuchillo que destina
a rebanar salchichón
y preparar el lacón!
-¡Ya me callo, o me asesina!
-¡Pero observad quién ha entrado!
-¡La mismísima "Elisalle"!
-¡Inteligencia y buen talle!
-¡De ella estoy enamorado!
-¡No seáis tan descarado!
-¡Es el alma del poeta
que a la rapsoda respeta
por su bello corazón!
-¡Te domina la pasión!
-¿La pasión por la panceta?
-¡Linda moza, un plato más!
-¡Y otro vaso, y otra jarra!
-¿Quién se suma a vuestra farra?
-¡Espera un poco y verás!
-¡Por ventura! ¿Satanás?
-Estás harto equivocada:
es hermosa y reputada
poetisa del Portal
que lo está pasando mal.
-¡Sirve un trozo de empanada!
-¡Elisalle, por favor,
ocupa un sitio en la mesa!
(es radiante cual princesa)
-¿Nos harías tal honor?
-Aclaremos el error
que te tiene confundida:
El callejón sin salida
de ese cambio en el apodo
no supone, en ningún modo,
en mis versos una huida.
-Somos cuatro, aquí sentados,
que rebosan de alegría,
y de magia, y fantasía...
(aunque estamos "colocados")
-¡Compondremos inspirados!
-¡Traigan platos bien repletos
y olvidemos ser discretos!
-¡Sirvan vinos de Jumilla!
(con jamón es maravilla)
¡Demos paso a los cuartetos!
I
En los mares mil corales ambarinos
le dedican su color a tu hermosura,
a la pátina que viste de ternura
esos ojos verdaderos y felinos.
II
Tan rotunda de belleza es tu mirada
que decoras con pasiones mis sentidos
antes cautos pero en celos consumidos,
cantan tristes tu canción desesperada.
III
En el alma no me que queda ya sosiego
ni motivos que alimenten la esperanza
de lograr que tu sonrisa y mi templanza
se perfumen con tomillo y con espliego.
IV
Es legítima y profunda mi certeza
de que el plato de judías con chorizo
pierde parte de su magia y de su hechizo
si se cambia el vino tinto por cerveza.
Epílogo
-¡Sólo cuatro y me parece que son pocos!
(Exclamaba la doncella alucinada)
El Tamboura no sería nunca nada
sin los versos de estos cuatro medio locos.
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