DEL PEDREGAL
Poeta fiel al portal
Entra en la eternidad,
porque de allí vienes,
tu infinita manera de salvarte,
de salvarnos,
de estrellarnos
contra hierro y seguir,
de besar la carne herida y seguir,
con veneno y seguir,
obnubilados de oscuridad,
no morir,
seguir;
porque queda lo absoluto
en algún vericueto,
en azul pensamiento,
en el abrazo,
en el hueso del pie que patea la miseria
y nos hace grandes,
porque somos en el dolor
más grandes aún,
más ilustrados,
menos ciegos…
Me has dicho hoy que te has ido,
pero me has engañado,
sigues como yo
esparcido sobre el mundo,
sobre las cosas,
y entras en mí
y la página se convierte
en barro que ahúma la sangre,
en centro que dispara una flor
(y subversión que salta)
en la frente del imperioso,
ausente en sillón de cobre revestido,
dañando muelas de juicio
y rodillas de niños
en la tierra sucia de vidrios;
porque como yo te quedas hoy,
y tal vez mañana, no te vallas... Nunca más.
porque de allí vienes,
tu infinita manera de salvarte,
de salvarnos,
de estrellarnos
contra hierro y seguir,
de besar la carne herida y seguir,
con veneno y seguir,
obnubilados de oscuridad,
no morir,
seguir;
porque queda lo absoluto
en algún vericueto,
en azul pensamiento,
en el abrazo,
en el hueso del pie que patea la miseria
y nos hace grandes,
porque somos en el dolor
más grandes aún,
más ilustrados,
menos ciegos…
Me has dicho hoy que te has ido,
pero me has engañado,
sigues como yo
esparcido sobre el mundo,
sobre las cosas,
y entras en mí
y la página se convierte
en barro que ahúma la sangre,
en centro que dispara una flor
(y subversión que salta)
en la frente del imperioso,
ausente en sillón de cobre revestido,
dañando muelas de juicio
y rodillas de niños
en la tierra sucia de vidrios;
porque como yo te quedas hoy,
y tal vez mañana, no te vallas... Nunca más.
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