Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ajena te conocí
y pretendí tus amores
pasé por mil sinsabores
pero tu amor conseguí.
Y cuando me diste el sí
me recorrió un fuerte estrés
de la cabeza a los pies
que casi pierdo el sentido
ese bendito cupido
giró mi mundo al revés.
Al poco tiempo después
nos miramos a escondidas
preparabas tus salidas
por lo menos cada mes.
Era mutuo el interés
de saciar el apetito
el mío mayor, lo admito,
comerte a besos quería
y cuando se llegó el día
el resto ya estaba escrito.
Hicimos corto circuito
cuando los cuerpos juntamos
con tal pasión nos amamos
que el cuarto fue pequeñito.
Olvidamos el delito
de entregarnos, siendo amantes
disfrutamos los instantes
que la ocasión nos brindaba
la pasión se desbordaba
con momentos incesantes.
Fueron encuentros constantes
donde reinaba el deseo
como si fuera un torneo
entre lucha de gigantes.
Dos feroces contrincantes
En un mortal duelo a muerte
jugábamos con la suerte
para salir victoriosos
cansados y sudorosos
sobreviviendo el más fuerte.
Sin defensas, casi inerte
terminaban la contienda
me enfrentaba a una leyenda
por solo retar la suerte.
Ojalá que me despierte
pa'l próximo compromiso
decía de cara al piso
con la mirada perdida
esta fiera enfurecida
ya me arrastró como quiso.
Yo, siendo un hombre sumiso
nunca opuse resistencia
y me entregué con demencia
me sentí en el paraíso.
No le hice caso al aviso
que detenerme debía
y continué día a día
disfrutando del placer
que me brindó la mujer
que al final me mataría.
y pretendí tus amores
pasé por mil sinsabores
pero tu amor conseguí.
Y cuando me diste el sí
me recorrió un fuerte estrés
de la cabeza a los pies
que casi pierdo el sentido
ese bendito cupido
giró mi mundo al revés.
Al poco tiempo después
nos miramos a escondidas
preparabas tus salidas
por lo menos cada mes.
Era mutuo el interés
de saciar el apetito
el mío mayor, lo admito,
comerte a besos quería
y cuando se llegó el día
el resto ya estaba escrito.
Hicimos corto circuito
cuando los cuerpos juntamos
con tal pasión nos amamos
que el cuarto fue pequeñito.
Olvidamos el delito
de entregarnos, siendo amantes
disfrutamos los instantes
que la ocasión nos brindaba
la pasión se desbordaba
con momentos incesantes.
Fueron encuentros constantes
donde reinaba el deseo
como si fuera un torneo
entre lucha de gigantes.
Dos feroces contrincantes
En un mortal duelo a muerte
jugábamos con la suerte
para salir victoriosos
cansados y sudorosos
sobreviviendo el más fuerte.
Sin defensas, casi inerte
terminaban la contienda
me enfrentaba a una leyenda
por solo retar la suerte.
Ojalá que me despierte
pa'l próximo compromiso
decía de cara al piso
con la mirada perdida
esta fiera enfurecida
ya me arrastró como quiso.
Yo, siendo un hombre sumiso
nunca opuse resistencia
y me entregué con demencia
me sentí en el paraíso.
No le hice caso al aviso
que detenerme debía
y continué día a día
disfrutando del placer
que me brindó la mujer
que al final me mataría.
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