Asklepios
Incinerando envidias
A estas alturas no nos hacen falta demasiados esfuerzos para darnos cuenta de que necesitamos un traductor. Pero no necesitamos de un traductor de idiomas como el inglés, indio, sánscrito, o cualquier otro idioma por exótico que nos parezca que creamos necesitar. Básicamente, todos funcionan igual. Nos hace falta, y con urgencia, un traductor de vida ya que somos incapaces de entender el sentido de la misma.
Es más, desde hace demasiados años, sentimos en nuestro interior, -por nuestra propia naturaleza-, la sospecha de estar optando por opciones que sospechamos equivocadas, locas, caprichosas… infantiles…
La cuestión es… qué hacer ahora…cómo proceder… Son las incógnitas que, desde siempre, nos están persiguiendo y seguimos sin poder resolver.
Quizás todo esto sea algo que no tiene solución. Al menos entre los límites de la dimensión en la que se desarrolla y asienta nuestra capacidad cognitiva y nada tenga sentido ni valor alguno.
Aun así, es lo que hay… de momento. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde
Es más, desde hace demasiados años, sentimos en nuestro interior, -por nuestra propia naturaleza-, la sospecha de estar optando por opciones que sospechamos equivocadas, locas, caprichosas… infantiles…
La cuestión es… qué hacer ahora…cómo proceder… Son las incógnitas que, desde siempre, nos están persiguiendo y seguimos sin poder resolver.
Quizás todo esto sea algo que no tiene solución. Al menos entre los límites de la dimensión en la que se desarrolla y asienta nuestra capacidad cognitiva y nada tenga sentido ni valor alguno.
Aun así, es lo que hay… de momento. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde