llevó años quejándome
de todos los 1917 para los que no alcance boletos
de las chimeneas que no escupieron mi tatuaje y estrella
del Atacama donde no hay lágrimas que me escarben lejos de Pinochet
de toda esa Utopía
que al estar mal arados nuestros genes
se nos decantó en pronombres personales y posesivos.
hace años que me pesan
lutos para los que no encontré tierra
amigos que ahora precisan un traductor para alcanzarme
un país que odio y me alimenta
y otro al que aun conecto mi ombligo mientras sueño.
siempre escrito desde esa rubia que me puso en la cruz de los amigos
desde Barbies que nadie encargó a Santa Claus
desde divorciadas que aspiran a otro divorcio
desde Matrioskas vacias
desde la lástima de con quién envejezco hombro a hombro
solo porque me soporta.
he matados años encandilándome a neón
convirtiendo mi hígado en un queso suizo
mendigando un abrazo o una mentira a tiempo
suicidándome entre portadas que nadie demanda
tecleando como quien se inventa un mar para ahogarse
o una trinchera contra esos enemigos que necesita
y no merece.
pero hoy
(y no me disculpo)
de lo único que se me apetece quejarme
es de los tres tornillos que me acaban de sobrar
al terminar de armar
las cunas de mis hijos.
de todos los 1917 para los que no alcance boletos
de las chimeneas que no escupieron mi tatuaje y estrella
del Atacama donde no hay lágrimas que me escarben lejos de Pinochet
de toda esa Utopía
que al estar mal arados nuestros genes
se nos decantó en pronombres personales y posesivos.
hace años que me pesan
lutos para los que no encontré tierra
amigos que ahora precisan un traductor para alcanzarme
un país que odio y me alimenta
y otro al que aun conecto mi ombligo mientras sueño.
siempre escrito desde esa rubia que me puso en la cruz de los amigos
desde Barbies que nadie encargó a Santa Claus
desde divorciadas que aspiran a otro divorcio
desde Matrioskas vacias
desde la lástima de con quién envejezco hombro a hombro
solo porque me soporta.
he matados años encandilándome a neón
convirtiendo mi hígado en un queso suizo
mendigando un abrazo o una mentira a tiempo
suicidándome entre portadas que nadie demanda
tecleando como quien se inventa un mar para ahogarse
o una trinchera contra esos enemigos que necesita
y no merece.
pero hoy
(y no me disculpo)
de lo único que se me apetece quejarme
es de los tres tornillos que me acaban de sobrar
al terminar de armar
las cunas de mis hijos.