Sarah Valentina
Poeta que considera el portal su segunda casa
A fuerza de amar con mil sentidos
se alejó la conciencia de mis pasos y
se llenó mi suelo de ingobernables silencios.
Uno a uno desmantelé los horizontes
mirando lo que mis ojos querían ver,
profanando mi cerebro con ideas preconcebidas.
Desplegué flores a esa historia inmaculada;
a fuerza de querer me fui agotando viva.
se alejó la conciencia de mis pasos y
se llenó mi suelo de ingobernables silencios.
Uno a uno desmantelé los horizontes
mirando lo que mis ojos querían ver,
profanando mi cerebro con ideas preconcebidas.
Desplegué flores a esa historia inmaculada;
a fuerza de querer me fui agotando viva.
Vacíos...
solo vacíos quedan de una nada
que siempre fue imprecisa,
a fuerza de suspirar pasión
entregué mi voz en holocausto
y desterré fronteras por el roce de unos labios.
No veía el ayer, nunca vi el después,
solamente el sublime sol que bendecía mi canto.
solo vacíos quedan de una nada
que siempre fue imprecisa,
a fuerza de suspirar pasión
entregué mi voz en holocausto
y desterré fronteras por el roce de unos labios.
No veía el ayer, nunca vi el después,
solamente el sublime sol que bendecía mi canto.
A fuerza de creer me arrinconé en un cielo,
me quedé atrasada, agazapada en un verano eterno,
y mi memoria conoció los límites del miedo.
En él pasaba el tiempo inexorable,
en mi se hacían más fuertes los recuerdos.
me quedé atrasada, agazapada en un verano eterno,
y mi memoria conoció los límites del miedo.
En él pasaba el tiempo inexorable,
en mi se hacían más fuertes los recuerdos.
Unas veces me caí, otras tantas inventé caricias,
hice mías todas las miradas de sus mares,
a fuerza de sentir me volví un beso divagante;
una plegaria se impregnó inmortal en mi inconsciencia,
cobijé sus ojos,
diseñé sonrisas que aligeraran sus pesares.
hice mías todas las miradas de sus mares,
a fuerza de sentir me volví un beso divagante;
una plegaria se impregnó inmortal en mi inconsciencia,
cobijé sus ojos,
diseñé sonrisas que aligeraran sus pesares.
La ruleta de la vida despiadada me acobarda,
pero protejo su rumbo, su noviembre incandescente,
y mis manos acompasan el sonar de simples sueños,
irreverente indecisión entre amarlo y adorarlo.
A fuerza de morir tantas veces en su nombre,
mi alma siempre autorenace para volver a contemplarlo.
pero protejo su rumbo, su noviembre incandescente,
y mis manos acompasan el sonar de simples sueños,
irreverente indecisión entre amarlo y adorarlo.
A fuerza de morir tantas veces en su nombre,
mi alma siempre autorenace para volver a contemplarlo.
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