A la caída del sol

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
A la caída del sol

Los presuntos implicados
junto a los defectos de orden,
sabedores de los misterios de antaño,
ahora dos ojos enormes,
procedieron a lavar con apaño
el mejor de los posibles informes
con los hijos de aquellos fulanos
y las hijas de estos deformes.

El resultado fue indeciso
por indeterminado y conforme,
a los siglos de mil crucifijos
y a la gloria que lleva uniforme.

Me paré frente a la imagen
comprendiendo al fiel de rodillas;
la piedra parecía un ángel
con lágrimas en las mejillas,
cuando un carrusel puso en trance
a los creyentes en campanillas.

Yo que quedé solo erguido
no supe salir de esta risa,
le dije al monaguillo:
no me agacho porque he sido
el único dios de esta misa.

Y llegó la policía
diciendo que ofendía,
al pueblo apostólico
romano y católico.

¡Qué ofensa más grande!
quedarse de pie
sin tener la mínima fe
ni en dios hijo ni en dios padre,
ni en el espíritu que
ni en su santísima madre.

La historia sigue,
y siempre tarde
marcha el sol cuando se largue
a otro día que persigue.
 

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