Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Entre el susurro de las cuerdas de un invisible violín,
le dabas la espalda cada noche a cada noche de tus miedos.
Las nubes bajo las retinas de una luna teñida de gris
y tú, como siempre, paseando por la cuerda floja del tiempo.
Dicen que alguien te vio caer, quizás en una noche de abril,
pero nunca nadie supo por qué jamás pisaste el suelo,
ni por qué cada verano sigue sonando tu melodía sin fin
sobre el bosque de aquellas ramas, donde un día alguien te dijo "te quiero".
Pero una mañana, la noche me llevó a visitar tu país,
a ver tu mirada en mis ojos, a creer que sentía tu aliento,
como un silencio entre la corteza vieja de un árbol que no quiso vivir,
como un grito desde el corazón tallado en la corteza de aquel árbol viejo.
Me preguntaste mi nombre y yo, solo fui capaz de decir que sí.
Me preguntaste si era yo y yo, creí sentirme muriendo.
Te pregunté porqué y me contestaste con un "por tí",
te lloré sin ver y me vi sobre la cuerda floja de tu tiempo.
Me regalaste un instante y los relojes de pared se fueron a dormir,
te regalé mi espalda, abrí los brazos, te invité a mi sueño
y soñamos tanto, que nunca nos quedó un sueño por cumplir,
sobre la luna llena de aquel bosque, saltando a la cuerda floja de tanto querernos.
le dabas la espalda cada noche a cada noche de tus miedos.
Las nubes bajo las retinas de una luna teñida de gris
y tú, como siempre, paseando por la cuerda floja del tiempo.
Dicen que alguien te vio caer, quizás en una noche de abril,
pero nunca nadie supo por qué jamás pisaste el suelo,
ni por qué cada verano sigue sonando tu melodía sin fin
sobre el bosque de aquellas ramas, donde un día alguien te dijo "te quiero".
Pero una mañana, la noche me llevó a visitar tu país,
a ver tu mirada en mis ojos, a creer que sentía tu aliento,
como un silencio entre la corteza vieja de un árbol que no quiso vivir,
como un grito desde el corazón tallado en la corteza de aquel árbol viejo.
Me preguntaste mi nombre y yo, solo fui capaz de decir que sí.
Me preguntaste si era yo y yo, creí sentirme muriendo.
Te pregunté porqué y me contestaste con un "por tí",
te lloré sin ver y me vi sobre la cuerda floja de tu tiempo.
Me regalaste un instante y los relojes de pared se fueron a dormir,
te regalé mi espalda, abrí los brazos, te invité a mi sueño
y soñamos tanto, que nunca nos quedó un sueño por cumplir,
sobre la luna llena de aquel bosque, saltando a la cuerda floja de tanto querernos.
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