Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te espero como se esperan los milagros,
con la certeza de que existen,
aunque el silencio diga lo contrario.
Me recuesto en la esquina de mis soledades
y pongo tu nombre sobre la mesa vacía.
Te pienso en cada humo de café,
en cada sombra que pasa por la ventana.
No llegas, y sin embargo estás,
como cicatriz que respira en la piel,
como deseo que nunca se rinde.
A veces me enojo contigo,
con tu demora, con tu misterio.
Otras, me arrodillo frente al viento
y le suplico que me traiga tu rastro,
aunque sea el polvo de tu voz.
Y sigo aquí,
como los relojes que no se cansan,
como los poemas que siempre vuelven.
El amor tarda,
pero mientras lo espero, me sostengo
con la certeza de que existen,
aunque el silencio diga lo contrario.
Me recuesto en la esquina de mis soledades
y pongo tu nombre sobre la mesa vacía.
Te pienso en cada humo de café,
en cada sombra que pasa por la ventana.
No llegas, y sin embargo estás,
como cicatriz que respira en la piel,
como deseo que nunca se rinde.
A veces me enojo contigo,
con tu demora, con tu misterio.
Otras, me arrodillo frente al viento
y le suplico que me traiga tu rastro,
aunque sea el polvo de tu voz.
Y sigo aquí,
como los relojes que no se cansan,
como los poemas que siempre vuelven.
El amor tarda,
pero mientras lo espero, me sostengo