José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
A la muerte la espero sentado,
en mi jardín, mejor acompañado
de mi rosa, de mi clavel,
que de un pérfido violín.
Primero quiero me visite
con su calavera y su guadaña
que no con las calabazas
de Halloween, que no son
de buen cristiano, que es anglosajón.
Con la ventana abierta, tumbado
en la cama, te espero sin desazón
porque si he de irme, mejor sin traición
las cosas de frente las quiero yo.
Y si viene por la noche,
cuando dormido esté, quiero
me despierte con fanfarrias y clarines
que un gran festín deseo,
en ese momento supremo.
En el momento de mi adiós
no quiero velatorios, ni carrozas blancas
ni hombros cansados, en mi pasear
quiero a huari que es mejor comensal.
Al final me tendré que juzgar
ver qué he hecho de principio a fin
Evaluar mi rutina, mi canción de abril
por que no quiero que me coja desnudo
sin haber dado los besos que quería
sin construir mi preciado hogar
sin sembrar flores en mi jardín
sin escribir poesía para ti
No te temo a la muerte ni a su guadaña
ni a llantos, ni gemidos apabullantes
quiero que cuando llegue el momento
me coja sereno y lleno de ti, eternamente
en mi jardín, mejor acompañado
de mi rosa, de mi clavel,
que de un pérfido violín.
Primero quiero me visite
con su calavera y su guadaña
que no con las calabazas
de Halloween, que no son
de buen cristiano, que es anglosajón.
Con la ventana abierta, tumbado
en la cama, te espero sin desazón
porque si he de irme, mejor sin traición
las cosas de frente las quiero yo.
Y si viene por la noche,
cuando dormido esté, quiero
me despierte con fanfarrias y clarines
que un gran festín deseo,
en ese momento supremo.
En el momento de mi adiós
no quiero velatorios, ni carrozas blancas
ni hombros cansados, en mi pasear
quiero a huari que es mejor comensal.
Al final me tendré que juzgar
ver qué he hecho de principio a fin
Evaluar mi rutina, mi canción de abril
por que no quiero que me coja desnudo
sin haber dado los besos que quería
sin construir mi preciado hogar
sin sembrar flores en mi jardín
sin escribir poesía para ti
No te temo a la muerte ni a su guadaña
ni a llantos, ni gemidos apabullantes
quiero que cuando llegue el momento
me coja sereno y lleno de ti, eternamente