Escobedo
Poeta asiduo al portal
Mujer...
Que a la par que cabellos, peinas vientos,
esos vientos que rigen las mareas
y que son de las aves el sustento.
Que en tu fecundo vientre,
guardas las claves del control del tiempo;
tiempo de madurar,
tiempo de renacer desde el desierto,
tiempo de germinar la vida nueva,
tiempo de adviento
Mujer...
Que a la par que tus ojos, cierras vida,
porque la vida enclaustras
si tu luz el camino no ilumina.
Levanta tus pestañas porque el mundo
de otra luz que la del sol precisa,
requiere las lagunas de tus ojos
para depositar lustrales lágrimas,
y así lavar sus culpas,
culpas que con el llanto se humanizan.
Mujer...
Sigue engendrando vida, aunque esa vida
lleve por compañera nuestra muerte,
porque un suspiro tuyo ya es bastante
para justificar vidas y muertes.
Pero jamás consientas las ofensas
ni des cuartel a aquella mano agreste
que en lugar de caricias deja sangre,
esa bendita sangre que concedes.
Mujer...
Denuncia la injusticia del maltrato,
no te ofrezcas propiciatoria víctima
en aras de cumplir aquel contrato.
¡Lucha, mujer, que el mundo en ti se estriba!
Que a la par que cabellos, peinas vientos,
esos vientos que rigen las mareas
y que son de las aves el sustento.
Que en tu fecundo vientre,
guardas las claves del control del tiempo;
tiempo de madurar,
tiempo de renacer desde el desierto,
tiempo de germinar la vida nueva,
tiempo de adviento
Mujer...
Que a la par que tus ojos, cierras vida,
porque la vida enclaustras
si tu luz el camino no ilumina.
Levanta tus pestañas porque el mundo
de otra luz que la del sol precisa,
requiere las lagunas de tus ojos
para depositar lustrales lágrimas,
y así lavar sus culpas,
culpas que con el llanto se humanizan.
Mujer...
Sigue engendrando vida, aunque esa vida
lleve por compañera nuestra muerte,
porque un suspiro tuyo ya es bastante
para justificar vidas y muertes.
Pero jamás consientas las ofensas
ni des cuartel a aquella mano agreste
que en lugar de caricias deja sangre,
esa bendita sangre que concedes.
Mujer...
Denuncia la injusticia del maltrato,
no te ofrezcas propiciatoria víctima
en aras de cumplir aquel contrato.
¡Lucha, mujer, que el mundo en ti se estriba!