Khande Canes
Poeta recién llegado
Nací con el alma inocentemente manchada
por pequeños pecados que iba a cometer
tentado por el tiempo y sus defectuosas virtudes.
Las constelaciones que observo
danzan despreocupadas
sobre los cielos grises de una misera existencia
mientras mis ojos errabundos
vagan por el mundo
sin hallar la iluminación súbita que ansío.
Clío y sus matices de bella fémina
escandalizan a un publico ciego, sordo y mudo
cuando mi poesía obscenamente pura
encarna las ropas sucias
de la beatitud caída.
La musa antigua que me inspira
la escucha del universo
que guarda en un baúl los pensamientos secretos
de las miles de millones de esferas que nos rodean,
anda descalza sobre cimas escarpadas
y llena de nieve
recolecta lirios muertos allá por donde pasa.
Su esencia incansablemente única
me cautiva sin opción
me golpea insolente en la cara
cuando triunfante admito mi fracaso.
(Amargo y dulce, mártir y verdugo)
He visto a los ojos del vacío
posarse ingrávidos en las ramas de la locura visceral
- quien exhausta nos abraza -
mientras sostenía el fuego de la muerte
en la palma mojada de mi mano
extrañamente risueña.
por pequeños pecados que iba a cometer
tentado por el tiempo y sus defectuosas virtudes.
Las constelaciones que observo
danzan despreocupadas
sobre los cielos grises de una misera existencia
mientras mis ojos errabundos
vagan por el mundo
sin hallar la iluminación súbita que ansío.
Clío y sus matices de bella fémina
escandalizan a un publico ciego, sordo y mudo
cuando mi poesía obscenamente pura
encarna las ropas sucias
de la beatitud caída.
La musa antigua que me inspira
la escucha del universo
que guarda en un baúl los pensamientos secretos
de las miles de millones de esferas que nos rodean,
anda descalza sobre cimas escarpadas
y llena de nieve
recolecta lirios muertos allá por donde pasa.
Su esencia incansablemente única
me cautiva sin opción
me golpea insolente en la cara
cuando triunfante admito mi fracaso.
(Amargo y dulce, mártir y verdugo)
He visto a los ojos del vacío
posarse ingrávidos en las ramas de la locura visceral
- quien exhausta nos abraza -
mientras sostenía el fuego de la muerte
en la palma mojada de mi mano
extrañamente risueña.
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