Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
A la orilla del corazón
A la orilla del corazón, ya ovillo en lo fanal la miel
del estivo, que tiemblo en el bosque de la luna
y en el ruiseñor ungido en el ocaso y en la copla áurea,
que una cofradía renacentista se hace rogativa en mis días de mazapán.
Ya no quedan cigüeñas acerbas que amen el trigo,
yo soy de los de a lado que no conocen los bocados bizantinos
y estoy a la orilla del corazón, casi de rodillas como el tornasol
agazapado en la esencia que fronda caritativa, de ser espalda
de un imperio de emociones donde palpita toda la entrega
de este subordinado del amor, que trajo consigo la diapasón
del olivo.
Estoy justo, donde nadie pueda estornudar una pradera,
a no ser que una canción sea el lecho indomable
donde repose alguna caricia de seda y en una cesta recoja
la actitud de un poeta cervantino, entonces con el cerrojo
del alba, puedo decir que amé, que amo y amaré,
soy faena ceñida a tus latidos.
A la orilla del corazón, ya ovillo en lo fanal la miel
del estivo, que tiemblo en el bosque de la luna
y en el ruiseñor ungido en el ocaso y en la copla áurea,
que una cofradía renacentista se hace rogativa en mis días de mazapán.
Ya no quedan cigüeñas acerbas que amen el trigo,
yo soy de los de a lado que no conocen los bocados bizantinos
y estoy a la orilla del corazón, casi de rodillas como el tornasol
agazapado en la esencia que fronda caritativa, de ser espalda
de un imperio de emociones donde palpita toda la entrega
de este subordinado del amor, que trajo consigo la diapasón
del olivo.
Estoy justo, donde nadie pueda estornudar una pradera,
a no ser que una canción sea el lecho indomable
donde repose alguna caricia de seda y en una cesta recoja
la actitud de un poeta cervantino, entonces con el cerrojo
del alba, puedo decir que amé, que amo y amaré,
soy faena ceñida a tus latidos.